Santiago Bulat dijo en LN+, y lo reprodujo La Nación el 3/3/2026, que la guerra en Medio Oriente podría ser “una gran oportunidad” para la Argentina porque, según él, “el oro subió un 84% desde enero” y el país ya no sería importador neto de combustibles. Traducido: hay expectativa de más dólares por exportaciones de commodities y energía.

¿Por qué Bulat dice que es una oportunidad?

Bulat apunta a dos canales simples: precios internacionales al alza y una mejora del saldo comercial energético. En la entrevista citada por La Nación (3/3/2026) sostuvo que el oro, la plata y el petróleo están reaccionando al conflicto y que eso puede generar ingresos en dólares. El dato concreto que mencionó fue: “el oro subió un 84% desde enero” (La Nación, 3/3/2026). Esa afirmación es relevante pero requiere verificación en los mercados internacionales y en series de precios oficiales (LBMA, CME) antes de tomarla como base de política. Además, el reclamo de que Argentina es hoy exportador neto de combustibles debe contrastarse con las estadísticas de comercio exterior y la balanza energética del Ministerio de Economía y del ENARGAS.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

En la economía real, ingresos extras en dólares pueden: 1) aumentar reservas, 2) aliviar presiones sobre el tipo de cambio o 3) financiar importaciones críticas. Pero también pueden alimentar demanda y presionar precios locales si se inyectan sin un ancla. Para ilustrar: si llegan dólares por exportaciones de commodities, pero el banco central no los acumula y el Tesoro los gasta sin disciplina, el efecto inmediato sobre el consumo puede traducirse en mayor inflación. La experiencia argentina muestra que los shocks externos favorecedores son temporales: sin regla fiscal ni acumulación de reservas por flujo, el beneficio se disipa. Por eso la pregunta útil no es si van a entrar dólares, sino qué porcentaje se va a transformar en reservas líquidas.

¿Qué necesitan los comerciantes y tu bolsillo?

Desde la lente del comerciante de barrio —y del sueldo de cada familia— hay dos riesgos y una oportunidad. Riesgos: 1) si el productor local recibe mejores precios internacionales pero se mantiene un tipo de cambio real volátil, puede trasladar aumentos a precios domésticos; 2) si el gobierno sube retenciones o impone restricciones, la señal a largo plazo para inversión se deteriora. Oportunidad: si el Estado acumula reservas y reduce la fragilidad, se moderan saltos cambiarios y se gana margen para políticas estabilizadoras. En palabras prácticas: sin un ancla macro creíble, cualquier ingreso extra corre el riesgo de convertirse en más inflación, no en más salario real.

¿Qué debería hacer la política económica ahora?

Apoyamos, como hemos señalado en notas recientes, la acumulación de reservas y un ancla macro creíble para aprovechar estos vientos externos (posición mantenida 2026-03-04). Eso implica tres medidas concretas y compatibles: 1) canalizar una fracción significativa de los dólares por exportaciones a reservas del BCRA; 2) evitar cambios bruscos en la presión tributaria a las exportaciones que desincentiven la oferta; 3) transparencia y reglas claras para el uso de ingresos extraordinarios. Sin esas condiciones, la ganancia internacional corre el mismo destino que episodios previos: efectos temporales sobre la cuenta corriente que no se traducen en estabilidad para el salario y el bolsillo. En números: la oportunidad existe sobre precios internacionales, pero su traducción doméstica depende de decisiones que prioricen reservas y disciplina fiscal (La Nación, 3/3/2026; declaración de S. Bulat).