El mercado interpreta que la desinflación se reanudó en abril: según el REM del BCRA, la inflación mensual habría caído a entre 2,6% y 2,7% desde 3,4% en marzo, y los analistas proyectan 2,4-2,3% para mayo.
¿Por qué dicen que la baja se reanudó?
Vemos tres anclas que explican la lectura del mercado. Primero, el tipo de cambio proyectado: el REM espera que el dólar opere estable en torno de $1410 en abril y se ubique en $1676 en diciembre, lo que implica una variación interanual esperada de 15,8% —según el REM del BCRA—. Segundo, la encuesta asume tasas promedio prácticamente flat en torno del 23% según la variable TAMAR, niveles que el propio mercado considera negativos en términos reales frente a la inflación proyectada. Tercero, el menor empuje de la actividad: el mercado recortó su previsión de crecimiento para 2026 a 2,8% en promedio y a 2,5% si se toma el TOP-10 de encuestados. Esa combinación, dólar contenido más actividad tibia y tasas reales bajas, es la explicación técnica que sustenta la expectativa de una desinflación gradual.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Traducido a la vida cotidiana, una desinflación muy pausada cambia poco de golpe: si la inflación anual cerrara en torno de 30,5% —la cifra que reporta el REM para 2026, desde 29,5% proyectado el mes previo—, los salarios y las tarifas que no se ajusten mes a mes seguirán perdiendo poder de compra. Para los comerciantes, un dólar calmo y un superávit comercial mayor ayudan a ordenar importaciones: el REM proyecta exportaciones por US$96.056 millones e importaciones por US$79.550 millones, dejando un superávit de US$16.506 millones. En el frente laboral, la tasa de desocupación que estuvo entre 7,7% y 7,8% en el primer trimestre apenas bajaría a 7,3-7,4% hacia fin de año, según el mismo relevamiento. Es decir: menos inflación, sí; pero crecimiento insuficiente para generar mejora rápida en el empleo o en los ingresos reales.
¿Qué deberían hacer el Gobierno y el Banco Central?
Apoyamos la acumulación de reservas por flujo y con transparencia, y eso es coherente con la lectura del mercado: un dólar contenido facilita reservas si las exportaciones y el superávit externo se sostienen. Al mismo tiempo, el BCRA y Hacienda no pueden quedarse solo en la calma cambiaria. Con una TAMAR cercana al 23% y una inflación anual proyectada en torno de 30%, las tasas son negativas en términos reales y no incentivan ahorro en pesos ni alivian la presión sobre precios. Recomendamos medidas complementarias: líneas de crédito dirigidas a pymes y comercios que enfrentan márgenes comprimidos, programas temporales para sostener empleo en sectores sensibles y reglas claras para la composición y el uso de reservas. La transparencia es clave: el público y los mercados necesitan señales verificables del origen del fortalecimiento de reservas.
En números: resumen y riesgos a vigilar
En números, lo central del REM del BCRA es claro: inflación mensual 2,6-2,7% en abril; proyección anual 30,5%; dólar $1410 en abril y $1676 en diciembre; PBI 2026 alrededor de 2,8% (2,5% top-10); superávit comercial estimado en US$16.506 millones; y un resultado fiscal primario proyectado entre $15,9 billones y $16,5 billones. Los riesgos que podrían frenar o revertir la desinflación son dos: una presión cambiaria que obligue a devaluar y aumentar la inflación, o una caída fiscal que revierta la confianza y deteriore las reservas. Mientras tanto, exigimos que la política pública combine la contención cambiaria con crédito para la producción y protección del empleo. Solo así la desinflación dejará de ser un dato técnico y se sentirá en el bolsillo y en la caja del comerciante.