En febrero viajaron 1,6 millones de argentinos al exterior, una caída del 10,7% respecto de igual mes del año pasado, según datos del INDEC. A simple vista parece menos turismo, pero la retracción se concentró en el tránsito terrestre —el de menor gasto promedio—; por eso la salida de divisas del mes se estima en torno a los US$900 millones, en línea con 2025, según el análisis de Lorenzo Sigaut Gravina de Equilibra.
¿Qué pasó y por qué bajaron los viajes?
Observamos que la menor cantidad de viajeros no fue homogénea: el turismo terrestre cayó 25,2%, mientras que el turismo aéreo creció 19,8%, según la Encuesta de Turismo Internacional (ETI) del INDEC. Del total de residentes que salieron, el 82,2% eligió destinos limítrofes; Brasil concentró 36,4%, Uruguay 16,5% y Chile 15,3% (INDEC). En vías de salida, el 53,5% fue por tierra, 37,1% por aire y 9,5% por vía fluvial o marítima. Esa composición explica por qué menos viajeros no implicó necesariamente una mayor fuga de divisas: se redujeron los viajes de menor gasto por tierra y aumentaron los de mayor gasto por aire.
¿Cuánto salen de divisas y qué implica para las reservas?
La estimación de salidas por turismo en febrero —alrededor de US$900 millones— la realizó Equilibra sobre la pauta de gastos diferenciados por vía (aéreo vs terrestre). Para comparar: en enero, cuando el Banco Central aún no discriminaba ciertos servicios digitales, se registraron egresos por US$829 millones, según el BCRA. Un dato adicional: desde marzo el INDEC dejó de publicar mensualmente ingresos y egresos turísticos y pasará a trimestral, lo que complica el seguimiento de corto plazo. Para la política cambiaria esto importa: una caída de los viajes terrestres reduce presiones sobre reservas inmediatas, pero un repunte del turismo aéreo —más caro por pasajero— puede devolverlas. Por eso apoyamos la acumulación de reservas por flujo y un ancla macro creíble para limitar la fragilidad fiscal y social.
¿Qué significa esto para tu bolsillo y para los comerciantes?
Para el bolsillo del trabajador promedio, la noticia es mixta. Menos viajeros terrestres puede significar menos gasto en peajes, combustibles y compras fronterizas; para comercios locales en ciudades limítrofes y puestos de frontera, la caída del 25,2% en turismo terrestre (INDEC) ya se siente. En cambio, el aumento del turismo aéreo (+19,8%) beneficia a aerolíneas, agencias y hoteles de mayor categoría. En el frente receptivo, llegaron 534.000 visitantes no residentes (+8% interanual) y más de 317.000 excursionistas, con orígenes liderados por Chile (21,1%), Europa (19,5%) y EE. UU. y Canadá (13,8%) —INDEC—; eso ayuda a sectores turísticos locales, pero no alcanza para compensar el saldo negativo del mes: un déficit de 1.095.000 turistas y más de 225.000 excursionistas, que dejan un faltante neto de cerca de 1,3 millones de visitantes (INDEC).
¿Qué deberían mirar y hacer los responsables de política?
La lectura práctica es clara: monitorear no solo la cantidad de viajeros sino su perfil de gasto. La composición (más aire, menos tierra) sugiere que la magnitud del drenaje de divisas puede estabilizarse aun con menos pasajeros totales. Recomendamos tres pasos: 1) recuperar la frecuencia mensual de datos sobre egresos e ingresos turísticos para decisiones más ágiles (INDEC hoy publicará trimestralmente), 2) focalizar promoción en turistas de mayor gasto y temporada baja para mejorar el ingreso de divisas, y 3) mantener un ancla macro que permita acumular reservas por flujo y evite que la recuperación del turismo aumente la fragilidad fiscal o social. Con información oportuna y medidas puntuales, la dinámica turística puede contribuir a reservas y empleo sin tensar las finanzas públicas.
Franco Pellegrini