La constructora GCDI informó que solicitará la apertura de un concurso preventivo tras no abonar el pago de intereses de sus Obligaciones Negociables Clase XVII por un monto de US$6.736,77, cuyo vencimiento operó el 11 de mayo; la decisión fue comunicada a la Comisión Nacional de Valores, según La Nación (12/5/2026). Al 31 de diciembre de 2025, la compañía reportó un patrimonio neto negativo de $7,6 millones y un capital de trabajo negativo superior a $31,3 millones, datos que explican la imposibilidad de afrontar compromisos financieros inmediatos.

¿Qué ocurrió y por qué?

Vemos un caso clásico de falta de liquidez que deriva en mora técnica y búsqueda de protección judicial. Según la nota enviada a la CNV y publicada por La Nación (12/5/2026), GCDI no pagó los intereses por US$6.736,77 y corre el riesgo de un supuesto de incumplimiento tras vencer el período de gracia de cinco días hábiles. La foto contable al 31/12/2025 muestra un patrimonio neto negativo de $7,6 millones y un capital de trabajo negativo por más de $31,3 millones, lo que indica que los pasivos corrientes superan ampliamente los activos líquidos (La Nación). En ese contexto, pedir el concurso preventivo es la opción que habilita a la empresa a negociar con acreedores mientras intenta mantener la continuidad de la actividad.

¿Cómo impacta esto en los proyectos en curso y en los proveedores?

Los proyectos emblemáticos agravan el riesgo operativo. GCDI tiene a su cargo obras como la llamada Rueda de Buenos Aires con un contrato por $10.163 millones (cerca de US$7,1 millones al tipo de cambio de octubre de 2025, más IVA, según La Nación) y la nueva Terminal B de Partidas del Aeropuerto de Ezeiza, además de haber intervenido en la remodelación del estadio de River. Si la empresa pierde capacidad de caja, los hitos de obra pueden atrasarse, los subcontratistas y proveedores —muchos pymes— verán demoras en cobros y podrán entrar en tensión de liquidez. Con un capital de trabajo negativo superior a $31,3 millones (La Nación), la presión sobre la cadena de pagos es real; en la construcción los efectos se transmiten rápidamente a salarios, monotributistas y empresas de materiales.

¿Qué implica para los tenedores de deuda y el mercado de construcción?

La suspensión del pago de intereses sobre las ON Clase XVII activa mecanismos contractuales y puede forzar una renegociación colectiva. El concurso preventivo habilita un plan para reordenar pasivos, pero también puede significar quitas o extensión de plazos para los acreedores. Muchos bonos de empresas constructoras en Argentina son tenidos por fondos institucionales y por inversores minoristas; la magnitud del impacto dependerá de la composición del pasivo. Además, la intervención judicial y la negociación pública obligan a mayor transparencia sobre el estado real de caja y garantías. Recordamos que la compañía reestructuró deuda en 2022 y renombró su marca a GCDI; la historia reciente de reestructuras suele implicar procesos largos y costos reputacionales para la compañía y sus contratistas (La Nación, 12/5/2026).

Qué se debe exigir y cuál es la salida mínima aceptable

Apoyamos que la reestructuración se haga con reglas claras y con prioridad por la preservación del empleo y la continuidad operativa. El concurso preventivo tiene sentido si permite pagar salarios y proveedores críticos, evitar la liquidación de activos a precios de remate y garantizar información pública sobre el plan de reordenamiento. Exigimos transparencia: que la CNV y la Justicia supervisen la información contable y los vínculos societarios, y que eventuales nuevos controlantes expliquen fuentes de financiamiento. En noviembre de 2025 hubo un cambio de control cuando Marcelo Fígoli, a través de Haselt, tomó 42,5% del capital según La Nación; esos movimientos deben ser aclarados para evaluar la capacidad real de aporte de capital. Traducido: proteger puestos de trabajo y evitar que la carga financiera se descargue exclusivamente sobre pymes y empleados debería ser la condición mínima del acuerdo de reestructuración.

Franco Pellegrini