La inflación de marzo volvió a acelerarse: 3,4% mensual y 9,4% acumulado en el primer trimestre, según el INDEC. Además, el Fondo Monetario Internacional aprobó la segunda revisión del programa argentino y dejó allanado un desembolso de US$1.000 millones sujeto a la ratificación del Directorio, mientras el dólar minorista cerró ayer a $1.385 para la venta, según reportes de mercado y cobertura periodística.
¿Qué pasó con la inflación y el dólar?
La inflación de marzo (3,4% mensual) fue la más alta del año y marca el décimo mes consecutivo sin desaceleración, de acuerdo al INDEC. Para ponerlo en dimensión: el primer trimestre acumuló 9,4%, casi lo que el Gobierno proyectó para todo el año en su proyecto de presupuesto, según las comunicaciones del Ministerio de Economía y la cobertura de prensa. En paralelo, el dólar minorista cerró el miércoles en $1.385 para la venta y $1.335 para la compra, según reportes de mercado citados por La Nación, lo que muestra que la presión cambiaria sigue presente aun con intervenciones del BCRA. Traducido: los precios suben por arriba del ritmo que implicaba el presupuesto y el tipo de cambio oficial sigue moviéndose con volatilidad relativa.
¿Cómo impacta esto en tu bolsillo?
Un marzo de 3,4% significa que los precios subieron esa proporción en apenas un mes; si tu salario no aumentó al mismo ritmo, tu capacidad de compra retrocedió. En el trimestre, 9,4% es una cifra que erosiona márgenes: para comer, viajar o pagar servicios se necesita más peso; para el comerciante implica recalcular proveedores y márgenes con más frecuencia. Según el INDEC, los rubros sensibles como alimentos y servicios muestran tensiones que se trasladan con rapidez al ticket del supermercado y a las cuotas. Si ganás un sueldo que no se ajusta por ese ritmo, inevitablemente hay pérdida de poder de compra; si sos comerciante, tenés que decidir entre absorber parte del aumento o trasladarlo al precio final, afectando demanda.
¿Qué implica el acuerdo con el FMI para la macro y las reservas?
La segunda revisión aprobada por el staff del Fondo flexibiliza la meta de superávit primario para 2026 de 2,2% a 1,4% del PBI y proyecta una acumulación neta de reservas por US$8.000 millones para fin de año, según comunicados vinculados al programa. El documento del Fondo también habilita un desembolso inminente de US$1.000 millones sujeto a la aprobación del Directorio, lo que daría cierto alivio de liquidez. Traducido: hay más margen fiscal pero también una demanda explícita de dólares netos; la credibilidad del programa dependerá de que esos dólares efectivamente entren por flujo comercial y financiero y se transformen en reservas reales que el BCRA pueda usar para anclar expectativas.
¿Qué deberían hacer el Gobierno y el BCRA?
Apoyamos la acumulación de reservas por flujo y la máxima transparencia en los ingresos externos: cada desembolso, cada ingreso exportador y cada intervención cambiaria debe quedar registrado y explicado. Con inflación trimestral del 9,4% (INDEC) y un objetivo de reservas de US$8.000 millones según el marco con el FMI, las políticas deben priorizar anclas creíbles, coordinación fiscal y herramientas que protejan el empleo formal frente a ajustes. El Banco Central tiene que comunicar claramente su régimen de intervención y metas intermedias; el Ministerio de Economía, transparentar el costo fiscal de las medidas y cómo se usan los recursos del Fondo. En números: sin dados públicos y verificables es imposible evaluar si el programa genera alivio real o sólo flujo contable.
Para cerrar, estamos a favor de que cualquier pacto con el FMI se traduzca en datos públicos y en dólares que efectivamente aumenten reservas, y exigimos que las medidas vayan acompañadas de políticas que no sacrifiquen empleo formal ni capacidad productiva.