Marzo cerró con una inflación mensual de 3,4% según el INDEC; ese número fue medio punto porcentual por encima de algunas estimaciones privadas y pone el foco en qué rubros efectivamente empujaron los precios.

¿Qué pasó en marzo: el dato y su explicación?

En números: el INDEC registró un aumento del IPC de 3,4% entre febrero y marzo, y los precios mayoristas subieron también 3,4% en el mismo período; dentro de esos mayoristas, petróleo crudo y gas crecieron 27,3% (INDEC). En la lectura sectorial, la suba de marzo tuvo como protagonista el gasto en educación: cuotas de colegios, guardapolvos y útiles, que probablemente no se ajustaban desde noviembre de 2025, explican buena parte del alza. Observamos además una diferencia con Estados Unidos, donde el IPC avanzó 0,9% en marzo y los combustibles —donde el gasoil subió 21,2% y el fueloil 30,7%— fueron el motor (según la cobertura de La Nación sobre datos internacionales). En Argentina hay una “pausa” en la traslación a surtidor —la nota habla de unos 45 días— que amortigua, por ahora, el impacto doméstico de los shocks energéticos.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo en abril?

Para ponerlo en términos cotidianos: si tu sueldo no sube al mismo ritmo que los precios, tu poder de compra baja. De acuerdo a FIEL, la primera semana de abril subieron 1,0% y la segunda 0,4% —un ritmo menor que en meses previos, pero todavía relevante para hogares y comercios (FIEL). Traducido: una suba semanal acumulada cercana al 1,4% en dos semanas se escala rápidamente a un 6%-7% mensual si se mantuviera; por eso hay que ser cautelosos al interpretar semanas aisladas. Para los comerciantes, la preocupación es otra: los mayoristas ya reflejaron subas fuertes en energía en marzo; si la traslación se reanuda, los costos se comerán márgenes o se trasladarán al precio final. Para quienes alquilan o tienen cuotas educativas, marzo ya pegó: las cuotas escolares explican parte del salto, y esas erogaciones son rígidas en los presupuestos familiares.

¿Qué medidas convienen ahora y por qué?

Vemos tres prioridades prácticas: primero, transparencia en los ingresos externos y acumulación de reservas por flujo para evitar saltos bruscos del tipo de cambio que disparen la inflación importada; esto coincide con nuestra posición previa de priorizar acumulación de reservas por flujo y transparencia. Segundo, políticas que protejan el empleo formal —especialmente en el Gran Buenos Aires— porque la inflación sin empleo estable aumenta la vulnerabilidad de los hogares. Tercero, monitoreo de la traslación energética: si los precios internacionales siguen subiendo y la “pausa” local termina, el BCRA y Hacienda deben coordinar señales fiscales y monetarias creíbles para limitar el pasaje a precios. No hay recetas mágicas: medidas de corto plazo (control focalizado de tarifas, subsidios temporales y dirigidos) combinadas con credibilidad en la política cambiaria y acumulación de reservas pueden reducir la volatilidad de corto plazo sin sacrificar empleo.

Para ponerlo en contexto: marzo mostró 3,4% (INDEC) y abril empieza con señales contradictorias (FIEL). La historia dice que la coherencia entre política cambiaria, manejo de reservas y apoyo a sectores vulnerables es la mejor defensa contra repuntes inesperados de la inflación. Nosotros apoyamos la acumulación de reservas por flujo y la transparencia, exigiendo además medidas concretas para proteger el empleo formal en el Gran Buenos Aires.