La cadena automotriz de Argentina y Brasil pidió rediscutir las reglas del Mercosur, según informó La Voz del Interior el 13/4/2026. El reclamo es concreto: las empresas buscan mayor flexibilidad en reglas de origen y en normas que hoy, afirman, las dejan en desventaja frente a competidores fuera del bloque. Esto ocurre cuando el Mercosur cumple 35 años desde su firma en 1991, un dato que recuerda que las reglas vigentes nacieron en otro ciclo productivo y cambiario (Tratado de Asunción, 1991). Para entender la solicitud no alcanza con la indignación corporativa; hace falta traducir qué cambia para fábricas, proveedores y trabajadores.
¿Qué piden las automotrices?
Las cámaras y empresas reclaman tres modificaciones centrales: flexibilizar reglas de origen para permitir mayor importación de piezas clave sin perder preferencias, revisar el tratamiento arancelario para bienes intermedios y acordar mecanismos transitorios ante shocks cambiarios y de insumos. Este pedido, dicen, responde a asimetrías productivas entre plantas en Brasil y Argentina y a competencia global que exige cadenas más integradas. Según comunicados de ADEFA y ANFAVEA, la iniciativa reúne a los principales fabricantes del sector y a proveedores, que alertan sobre cuellos de botella en insumos electrónicos y plásticos. La demanda busca reducir costos unitarios y tiempos de abastecimiento, con la idea de hacer a la región más competitiva frente a plantas de México o Asia.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
La potencial revisión tiene impacto directo en el empleo y en la cadena de valor local. Según ADEFA y ANFAVEA, la industria automotriz directa e indirectamente ocupa más de 100.000 personas en la región; en Argentina las autopartistas son proveedoras de miles de pymes que facturan volumen por ventas al sector. Una mayor apertura de insumos puede bajar costos y preservar plantas, pero también puede presionar contenido local y facturación de proveedores nacionales. Observamos que cualquier cambio debe vincularse con políticas que protejan el empleo formal: sin salvaguardias de corto plazo, la apertura podría traducirse en pérdida de contratos locales. Además, la competitividad dependerá de variables macro: tipo de cambio, acceso a divisas y costos de financiamiento, temas que ya señalamos cuando comentamos que la estabilidad macro no siempre llega al bolsillo (ver nota previa sobre dolar y tasas: https://prensalibreonline.com.ar/politica/dolar-estable-y-tasas-mas-bajas-la-estabilidad-no-llego-al-b-2026-04-13).
¿Qué significa para la política comercial del Mercosur?
Rediscutir reglas implica tocar la arquitectura del bloque creado con el Tratado de Asunción de 1991, que originalmente reunió a 4 miembros fundadores: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Tratado de Asunción, 1991). Cambios puntuales pueden mejorar competitividad regional, pero también exigen negociar compensaciones internas para evitar que una economía capture ventaja a costa de otra. Desde la lente macro, proponemos que cualquier reforma vaya acompañada de transparencia en ingresos externos y medidas que permitan la acumulación de reservas por flujo; son condiciones para asegurar que la reapertura o flexibilización no genere desorden cambiario. Además, medidas transitorias para proveedores y programas de crédito productivo pueden evitar desindustrialización local. En suma, la solicitud empresaria tiene sentido técnico, pero su ejecución debe diseñarse para proteger empleo formal y la estabilidad macro, no solo para ajustar reglas comerciales.
Para ponerlo en contexto: el reclamo de las automotrices no es un pedido aislado sino parte de una discusión mayor sobre integración regional, competitividad y cadenas globales. Nosotros vemos que la prioridad debe ser traducir esos reclamos en reglas que cuiden la producción nacional y el salario de miles de trabajadores, al tiempo que mejoren la capacidad exportadora del Mercosur.