Lo que se sabe hasta ahora: el Departamento de Guerra de Estados Unidos publicó el 8 de mayo un primer lote de 162 archivos sobre fenómenos aéreos no identificados (UAP), disponibles en la sección “UFO” de war.gov, sin necesidad de registro (según LA NACION y el propio portal war.gov). El material incluye reportes oficiales, fotos, memorandos del FBI y declaraciones de testigos que datan de 1948, 1949 y 1967. La apertura responde a una instrucción del presidente Donald Trump y fue difundida por medios como CBS News. Adoptamos una postura prudente: informamos hechos confirmados según LA NACION y agencias, evitando especulaciones sobre intenciones o responsabilidades.
¿Qué contiene exactamente la desclasificación y por qué importa?
La primera tanda son 162 archivos publicados el 8 de mayo de 2026 (según LA NACION). Contienen desde reportes técnicos hasta notas administrativas del FBI y fotografías. Un ejemplo citado por los documentos es un incidente en 1949 cercano a Carswell Air Force Base, hoy Naval Air Station Joint Reserve Base Fort Worth, donde el primer teniente Robert A. Francis describió un objeto circular, metálico, que se desplazó a más de 1.000 millas por hora (más de 1.600 km/h) antes de desaparecer en segundos (según LA NACION). El expediente militar califica que el objeto no correspondía a un avión convencional ni a un meteoro. Para ubicarse: esos valores de velocidad y las descripciones son las que alimentan el interés público; sin embargo, los archivos no transforman automáticamente esas observaciones en explicación científica.
¿Qué casos de Texas aparecen y qué pruebas presentan?
Texas aparece varias veces en los expedientes. Además del caso de Fort Worth (1949), los archivos recogen reportes de Abilene del 1° de enero de 1948 sobre un objeto con forma de campana y brillo azul, y una referencia en 1948 a objetos con forma de cigarro en la zona de Memphis, Texas (según USA Today y LA NACION). También hay un memorando del FBI fechado en 1967 sobre una mujer que afirmó haber tenido contacto con un ser “de procedencia externa a la Tierra” en Dallas; el documento registra el testimonio pero reconoce que no hay pruebas independientes que lo corroboren (según LA NACION). En suma, los archivos documentan relatos y observaciones, no verificaciones científicas concluyentes.
¿Qué debería importarnos esto en Argentina y cuál es la lectura responsable?
Para Argentina: el efecto inmediato es informativo y cultural más que técnico. No hay datos que impliquen riesgo directo ni impacto sobre políticas públicas argentinas. No obstante, la apertura de 162 archivos el 8 de mayo marca un aumento en la disponibilidad pública respecto a la situación previa, cuando muchos de estos registros estaban bajo reserva durante años (según LA NACION). Vemos tres lecturas útiles: 1) transparencia gubernamental y gasto público en inteligencia; 2) necesidad de métodos científicos para analizar imágenes y relatos; 3) oportunidad para que medios y universidades expliquen cómo se evalúan evidencias. Recomendamos a nuestros lectores consultar las fuentes primarias en war.gov y contrastar testimonios con análisis técnicos antes de sacar conclusiones.
Cerramos subrayando prudencia y claridad. Las desclasificaciones ofrecen material valioso para la investigación y para la historia de la aviación y la inteligencia. No convierten relatos en hechos probados por sí mismos. Seguiremos informando a medida que analistas y científicos publiquen evaluaciones independientes sobre estos 162 archivos y los casos que involucran a Texas.
Sofía Santamarina