El peso argentino se mantuvo prácticamente inmóvil frente al fortalecimiento global del dólar: el dólar minorista abrió en Banco Nación a $1410 y cerró a $1420, igual que a fines de febrero, y el tipo de cambio mayorista terminó la semana en $1397,92, según consignó La Nación. Ese movimiento ubicó al peso entre las monedas emergentes con mejor desempeño desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, con un CCL que acumula 0,2% en el período, de acuerdo con el informe de F2 Soluciones Financieras. El dato central es simple y concreto: pese a un DXY que alcanzó 100,34 puntos, la oferta de divisas local y compras del Banco Central permitieron sostener la cotización en niveles cercanos a finales de febrero.

¿Por qué el peso aguantó frente al dólar?

Observamos una combinación de factores que explican la relativa fortaleza del peso. Primero, hay un aumento en el volumen de liquidaciones de divisas desde principios de marzo, lo que otorgó mayor oferta al mercado y permitió compras del Banco Central, según explicó Andrés Reschini de F2 Soluciones Financieras citado por La Nación. Segundo, existe un sesgo restrictivo en la oferta monetaria y señales de intervención en instrumentos dollar linked que sostienen el carry trade, según Martín Polo de Cohen Aliados Financieros. Tercero, la estacionalidad agrícola favorece entradas de divisas por la cosecha próxima. En números: DXY 100,34 y CCL +0,2% son las referencias que muestran el contexto externo y la relativa estabilidad local, mientras que el mayorista en $1397,92 es la referencia doméstica inmediata. Estos elementos combinados explican por qué el tipo de cambio oficial pudo permanecer estable a pesar del fortalecimiento global del dólar.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Para el bolsillo y para los comerciantes la principal preocupación es la persistencia de la inflación interna junto con un tipo de cambio que no acompaña. Según el análisis de Polo citado por La Nación, la inflación local está acelerada y ronda casi 3% mensual, lo que genera la sensación de un dólar barato y presiona la apreciación del tipo de cambio real. El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral está cerca de 87,1 puntos, una lectura que el mercado sigue porque implica una pérdida de competitividad relativa frente a socios comerciales. Traducido: si los precios suben al ritmo actual y el tipo de cambio no se ajusta, las importaciones quedan más baratas que la producción local y la industria puede sufrir por competencia externa. Además, una apreciación real prolongada puede deteriorar el saldo de la cuenta corriente cuando termine la estacionalidad de liquidaciones.

Qué deberían hacer el BCRA y el gobierno ahora

La coyuntura confirma lo que venimos sosteniendo: es esencial acumular reservas por flujo y mantener un ancla macro creíble para proteger la inversión y permitir una apertura ordenada. En la práctica eso implica sostener compras de divisas cuando haya oferta estacional, coordinar política monetaria para contener la inflación y evitar que la apreciación real se profundice, y articular la política fiscal con provincias para que no haya presiones adicionales sobre la demanda de dólares. El dato que preocupa es el RER en 87,1 y la inflación cercana a 3% mensual, ambos señales de fragilidad externa si la estabilidad cambiaria se basa solo en oferta temporal. Por eso recomendamos priorizar reservas por flujo, disciplina fiscal y medidas que reduzcan la inflación estructural antes de buscar una mayor apertura. Solo así la estabilidad del tipo de cambio será sostenible y no un parche temporal.

Franco Pellegrini