El crédito bancario en pesos al sector privado prácticamente no avanzó en marzo: el stock aumentó 3,2% nominal (de $91,9 a $94,8 billones) pero, al ajustar por la inflación oficial, tiende a ser neutro; en paralelo, los préstamos en dólares crecieron 5,4% mensual hasta US$21.336 millones, según el BCRA y reportes de First Capital Group. Este doble movimiento —estancamiento en pesos y aceleración en dólares— resume el dilema actual entre demanda por cobertura y fragilidad del mercado de pesos.
¿Qué dicen los números y por qué importa?
Los datos del BCRA muestran una foto mixta: el stock de préstamos en pesos subió 3,2% en marzo (de $91,9 a $94,8 billones) pero el banco central reporta una contracción real de la cartera nominada en pesos de 0,4% en términos constantes y desestacionalizados en marzo. La base monetaria registró otra caída real de 0,2% en el mes y acumula siete meses consecutivos de contracción, según el informe monetario del BCRA. Además, la mora que antes rondaba 2% en promedio (3,3% en familias y 0,9% en empresas) se multiplicó entre tres y cinco veces, lo que complica la disposición de las entidades a prestar. Al mismo tiempo, el único factor de expansión de liquidez fue la compra de dólares del BCRA por US$1.671 millones al sector privado, pero ese efecto se vio neutralizado por operaciones del Tesoro.
¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en las empresas?
Para las familias significa menos crédito accesible en pesos: el financiamiento al consumo cayó por tercer mes consecutivo y las tarjetas y los préstamos con garantía real fueron las únicas líneas que mostraron movimiento al alza. Para las pymes y grandes empresas, la opción está en dólares: los préstamos en moneda extranjera subieron 5,4% mensual en marzo y totalizaron US$21.336 millones, un 49,1% más que hace un año, y el 74,1% de ese stock corresponde a líneas comerciales (crecieron 8% mensual y 42,6% anual), según First Capital Group. Eso indica que muchas empresas toman deuda en dólares porque las tasas en moneda extranjera resultan, hoy, comparativamente más atractivas o porque buscan cobertura ante expectativas de depreciación. El riesgo es doble: mayor exposición cambiaria para el sector privado y un menor impulso al consumo doméstico en pesos, lo que puede erosionar la demanda y el empleo si la recuperación crediticia no se retoma.
¿Qué debería hacer la política económica?
Primero, insistimos en coherencia con nuestra postura previa: apoyamos aprovechar oportunidades macroeconómicas siempre que vayan acompañadas de acumulación de reservas por flujo, transparencia en los ingresos externos y medidas que protejan el empleo formal. En la práctica eso implica priorizar que las compras de dólares por parte del BCRA se transformen en reservas netas y no queden neutralizadas por salidas fiscales. El mercado muestra que la demanda de pesos está rota: hasta que no haya señales creíbles de ancla nominal y un plan de remonetización efectivo, parte del crédito seguirá migrando a dólares. Recomendamos tres medidas concretas: 1) coordinación fiscal-monetaria para evitar que las operaciones del fisco anulen la acumulación de reservas (el BCRA compró US$1.671 millones en marzo, según su informe); 2) reglas macroprudenciales temporarias que limiten el crecimiento desordenado del crédito en dólares para empresas sin cobertura natural; 3) incentivos para crédito en pesos orientados a inversión productiva y empleo formal (por ejemplo, garantías públicas condicionadas a mantenimiento de plantilla). Sin estas señales, la combinación de contracción de la base monetaria y dolarización crediticia seguirá tensionando la recuperación.
Para ponerlo en contexto: si la política no logra que la demanda de pesos vuelva (y lo haga de manera sostenible), las tasas reales en pesos seguirán altas o el crédito permanecerá restricto, y las empresas seguirán evaluando la opción en dólares. Esa es una señal tanto de vulnerabilidad macro como de preferencias racionales del sector privado frente a una moneda con expectativas de depreciación.