Un trabajador promedio necesitaría casi 34 años de sueldo para comprar un dos ambientes de 50 m² en Puerto Madero, según la simulación publicada por La Nación que cruza valores de Zonaprop con el ingreso promedio del INDEC y el tipo de cambio oficial de $1420 (La Nación, 20/5/2026). Este número resume el principal problema: los precios inmobiliarios cotizan en dólares y los ingresos, aunque mejoraron, siguen lejos de permitir la compra tradicional sin crédito.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo?

Para ponerlo en términos concretos: el ingreso promedio de la población ocupada fue de $1.068.540 en el cuarto trimestre de 2025, según el INDEC. El salario mínimo y vital está en $352.400 desde el 1 de marzo de 2026, según el Gobierno. Si tomamos la simulación de un dos ambientes de 50 m², los precios en pesos varían mucho según el barrio: Puerto Madero US$6135/m² (US$306.750), Núñez US$3392/m² (US$169.600), Villa Lugano US$1058/m² (US$52.900), todos convertidos al tipo de cambio oficial de $1420 como lo reportó La Nación. Traducido: incluso en el barrio más barato del análisis hacen falta varios años de salario promedio —por ejemplo, alrededor de 6 años en Villa Lugano— y decenas de años en barrios premium. Para alguien que cobra el salario mínimo, esos plazos se multiplican. Esto explica por qué la vivienda propia está fuera del alcance de amplios segmentos, salvo que cuenten con ahorro importante o reciban transferencia familiar.

¿Qué pasa con el mercado inmobiliario y el crédito?

La simulación muestra otra cosa importante: la reducción relativa de la brecha no significa que la situación sea buena. Según el INDEC, los salarios privados del sector no registrado subieron 22,3% en términos reales entre noviembre de 2023 y octubre de 2025; en ese mismo lapso el metro cuadrado medido en dólares creció apenas 7% (datos citados por La Nación). Esa convergencia vino más por el ‘planchado’ del dólar que por una mejora estructural en el mercado de vivienda. Además, el mercado sigue dolarizado: los vendedores suelen pedir en dólares y las transacciones se anclan a esa moneda, lo que deja al comprador expuesto a la variación del tipo de cambio. El acceso al crédito hipotecario es limitado: tasas reales altas y plazos cortos reducen el efecto de los préstamos para mejorar accesibilidad. En la práctica, la vivienda se financia con ahorro previo, herencias o créditos de nicho, no con hipotecas masivas. Para pymes constructoras y comercios vinculados, esto significa ciclos de demanda restringida y mayor incertidumbre en la cadena de pagos.

¿Qué deberían hacer las autoridades y qué pedimos desde aquí?

La solución no es una sola medida mágica. Pedimos transparencia en precios y tipos de cambio usados como referencia y el uso de indicadores en tiempo real para monitorear accesibilidad, como hemos sostenido en notas previas. Es imprescindible mejorar el acceso al crédito con reglas claras: mayor disponibilidad de hipotecas a plazos largos y tasas razonables, acompañadas de supervisión para evitar sobreendeudamiento. También proponemos medidas que protejan a pymes constructoras y a trabajadores durante cualquier ajuste de política que busque desdolarizar el mercado. La política pública debería contemplar subsidios focalizados para la primera vivienda y mecanismos que incentiven la oferta de vivienda de costo moderado. Para quienes dependen de ingresos fijos, como jubilados, la transparencia en condiciones de crédito es clave; ver, por ejemplo, la guía sobre préstamos para jubilados publicada por este medio para evitar decisiones que los expongan (Préstamos para jubilados del Banco Nación: montos, cuotas y requisitos en mayo 2026).

En números: sin una expansión responsable del crédito y sin anclas claras para la dolarización de precios, la posibilidad de que un asalariado compre en términos tradicionales seguirá siendo marginal. Exigimos que cualquier medida venga acompañada de información pública, metodologías claras y protección para trabajadores y pymes frente a shocks de tipo de cambio o tasas.