El viceministro de Economía, José Luis Daza, reconoció que el Gobierno “no tiene un objetivo de tipo de cambio” pero afirmó que el Banco Central compra divisas para evitar que el peso se aprecie más: “Si no hubiéramos comprado US$4000 o US$5000 millones, el dólar estaría mucho más abajo”, dijo en el Iaef (La Nación, 8/4/2026). En lo que va del año el tipo de cambio cayó 4,8% según el cierre del miércoles 8/4/2026 (Fuente: La Nación citando datos del mercado). Traducido: hay intervención activa del BCRA aunque el esquema formal sea de formaciones por mercado dentro de un sistema de bandas establecido en abril de 2025.

¿Qué dijo exactamente y por qué importa?

Daza planteó dos ideas centrales: primero, que no existe un “objetivo” nominal del dólar; segundo, que el BCRA ha intervenido para moderar una apreciación. La afirmación incluye cifras concretas: compras por “US$4.000-5.000 millones” y un giro de dividendos por US$1.000 millones en el último mes tras cambios en las reglas de 2025 (La Nación, 8/4/2026). Ese paquete muestra una combinación de compras por flujo y liberalización parcial de salida de capitales. ¿Por qué importa? Porque un Estado que dice dejar al mercado fijar el tipo de cambio pero actúa para limitar movimientos genera incertidumbre sobre las reglas de juego. Para el inversionista, la señal es: existe respaldo; para el comerciante y el trabajador, la pregunta es qué costo tendrá esa intervención sobre precios y tasas.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en los comercios?

En términos inmediatos, una apreciación del peso de 4,8% en lo que va del año baja el costo de bienes importados y de insumos dolarizados, pero presiona a quienes exportan y a sectores que compiten con importaciones. Si las compras del BCRA equivalen a US$4.000-5.000 millones (según Daza), eso reduce la presión al alza sobre el poder de compra del peso por ahora (La Nación, 8/4/2026). Para el comerciante: menos margen si no ajusta precios frente a insumos dolarizados; para el trabajador: si los salarios no suben al ritmo del IPC, la ganancia cambiaria no mejora el salario real. Nuestro lente de bolsillo: la estabilidad cambiaria ayuda a bajar la incertidumbre a corto plazo, pero no reemplaza una política salarial e impositiva que proteja el poder adquisitivo.

¿El BCRA está acumulando reservas o sólo interveniendo a medias?

Daza describe una transición de una fase “defensiva” a otra donde “las variables se refuerzan entre sí”: caen las tasas y las expectativas de depreciación, dijo (La Nación, 8/4/2026). Las compras por flujo (US$4.000-5.000 millones) y el giro de dividendos por US$1.000 millones muestran acumulación de oferta de dólares. Pero hay que preguntar: ¿quién provee esos dólares y con qué transparencia? Apoyamos la acumulación de reservas por flujo y la transparencia en los ingresos externos —coherente con nuestra posición previa— porque eso reduce fragilidad externa. Si las compras dependen de medidas temporales o de giros puntuales, la acumulación puede ser frágil. El dato clave: US$1.000 millones en dividendos es puntual; lo estructural son compras por flujo sostenibles.

¿Qué escenarios vienen y qué debería pedir la gente?

Si la intervención continúa, hay tres rutas plausibles: 1) consolidación ordenada con reservas genuinas y caída sostenida de la volatilidad; 2) intervención costosa y transitoria que obliga a subir tasas o recortar gasto; 3) retirada de intervención que devuelva mayor volatilidad al tipo de cambio. Nosotros defendemos la primera ruta: acumulación de reservas por flujo, transparencia en los ingresos externos y medidas que protejan el empleo formal. Para la familia y el comerciante, la prioridad es claridad: saber qué reglas rigen el acceso a divisas, qué impacto tendrá en precios y cómo se protege el empleo durante la adaptación productiva. En números: Daza habló de compras por US$4.000-5.000 millones y un giro de US$1.000 millones (La Nación, 8/4/2026); esos montos ayudan, pero la señal política y la transparencia dirimen si la mejora es durable.

Franco Pellegrini