El Gobierno limitó a 3% mensual los aumentos de las tarifas de agua a partir de mayo de 2026, frente a incrementos efectivos de hasta 4% registrados hasta abril, según la Resolución 14/2026 del Ente Regulador de Agua y Saneamiento (ERAS) publicada en el Boletín Oficial.

¿Qué cambió y por qué importa?

La medida formaliza un tope de 3% mensual para la actualización tarifaria del servicio prestado por Aysa, en reemplazo del esquema que aplicaba subas de hasta 4% hasta abril (Resolución 14/2026, Boletín Oficial). En 2025 se aplicó de forma excepcional un límite del 1% mensual, lo que, según el expediente administrativo citado por el regulador, generó un atraso tarifario que afectó los ingresos de la concesionaria. De acuerdo con la presentación de Aysa, la brecha tarifaria se redujo del 21,05% en diciembre de 2025 al 12,26% en abril de 2026; la recomposición continuará y la finalización estimada se proyecta hacia 2027. El dato clave es que el regulador decidió moderar la velocidad de ajuste sin detener el proceso de recomposición.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en los comercios?

Un tope mensual menor frena la subida inmediata de la factura pero alarga el tiempo para cerrar la brecha que tiene la concesionaria. Si los aumentos se compusieran mensualmente, 3% mensual equivale a cerca de 43% anual y 4% a cerca de 60% anual (cálculo simple de capitalización mensual), por lo que la moderación reduce presión de corto plazo sobre el bolsillo pero mantiene una subida importante acumulada en el año. Para comercios y pequeñas industrias que usan agua en procesos productivos la decisión baja el ritmo de aumento de costos, pero deja abierto el riesgo de mayores ajustes en 2026-2027 si la brecha no se compensa por otras vías. Además, el ERAS mantuvo mecanismos de protección como la tarifa social y descuentos zonales, destinados a usuarios vulnerables, según la resolución.

¿Qué dicen la concesionaria y el regulador?

Aysa justificó la recomposición por la pérdida de ingresos tras las restricciones de 2025 y aportó cifras sobre la reducción de la brecha, que pasó de 21,05% a 12,26% entre diciembre 2025 y abril 2026 (datos de la presentación de la concesionaria al expediente). El ERAS, en su análisis, ponderó la evolución económica de la concesión y el impacto sobre los usuarios antes de fijar el nuevo tope y pidió informes trimestrales a Aysa sobre su situación económico-financiera para el primer y segundo trimestre de 2026, con el objetivo de monitorear la convergencia. La instrucción de reporte refuerza la necesidad de trazabilidad y transparencia en el proceso de ajuste, y crea un mecanismo para evaluar si se requieren correcciones en el ritmo de recomposición.

¿Qué falta y qué debería hacer el gobierno?

La moderación es comprensible desde la protección del ingreso de los hogares, pero no basta solo con limitar porcentajes. En línea con nuestra postura previa sobre la necesidad de transparencia y medidas de crédito, se requieren tres acciones concretas: 1) supervisión estricta y publicación clara de los informes económicos de la concesionaria (como exige el ERAS); 2) líneas de crédito o mecanismos financieros temporales y auditables que eviten que la recomposición tarifaria derive en deterioro del servicio; 3) mantener y ampliar los mecanismos de protección focalizados, como la tarifa social, para evitar que la recomposición aumente la pobreza energética o hídrica. Estas medidas deben financiarse y explicarse con datos para que el ajuste no se traduzca en caída de inversión ni en pérdida de empleo en el sector operativo.

En números: el tope de 3% mensual entra en vigencia en mayo de 2026 (Resolución 14/2026, ERAS), la brecha reportada por Aysa era 12,26% en abril (presentación de la concesionaria) y la recomposición se proyecta concluir hacia 2027 según el expediente. Traducido: moderar la velocidad protege a hogares ahora, pero exige crédito, transparencia y protección social para que el servicio y el empleo no sean la variable de ajuste.