Los alimentos y los servicios de alojamiento lideraron las subas de precios en enero, según la cobertura de Diario El Norte (10/2/2026). El dato clave para el lector es simple: cuando la canasta básica alimentaria y los precios vinculados al turismo suben, el bolsillo se siente antes que las series macro. Traducido: más cara la compra del mes y más difícil ahorrar para vacaciones o cuotas.
Por qué pasó
Vemos al menos tres canales detrás de la suba reportada. Primero, una componente estacional: enero concentra demanda turística y mayor consumo de verano, lo que eleva la presión sobre hoteles y restaurantes. Segundo, los alimentos reflejan costos internacionales (commodities y logística) y costos locales (salarios, energía y transporte). Tercero, hay un reacomodamiento de precios relativos en un contexto en el que algunos servicios ajustan tras retrasos del año anterior.
Para ponerlo en contexto: la nota de Diario El Norte fue publicada el 10/2/2026 (fuente: Diario El Norte, 10/2/2026). Nuestros pronunciamientos recientes sobre el reacomodamiento de precios (ver posiciones del 21/2/2026 y 22/2/2026) ya advertían que este tipo de movimientos podía verse mientras no haya un ancla macro creíble (posiciones publicadas el 21/2/2026 y 22/2/2026). Esto no es una contradicción: apoyamos el diagnóstico de corrección relativa, pero también alertamos sobre la fragilidad del alivio.
¿Qué significa para tu bolsillo?
Si ganás el salario mínimo, cuando suben alimentos y hoteles el impacto es directo: se reduce la capacidad de ahorrar y se acorta el poder de compra. Para los comerciantes, la presión opera por dos vías: aumento del costo de reposición y límites para trasladar todo el ajuste a precios finales por la caída del consumo. Comerciantes que entrevistó la nota mencionan mayor presión sobre márgenes en enero (Diario El Norte, 10/2/2026).
Lente de comerciante
El sector comercial enfrenta un dilema clásico: transferir aumentos de costos y perder ventas, o absorberlos y reducir margen. En un mercado con alta rotación de proveedores y negociación en cuotas, la volatilidad de insumos (alimenticios y servicios turísticos) complica la programación de compras y promociones. Además, los comercios pequeños reportan que la estacionalidad eleva stocks y costos operativos en enero, lo que repercute en precios a corto plazo (fuente: Diario El Norte, 10/2/2026).
Lente macro y de datos
Desde la macroeconomía, este tipo de episodios confirma un reacomodamiento de precios relativos más que un choque único. Sin embargo, como venimos indicando en nuestras posiciones del 22/2/2026, sin un ancla macro creíble y sin acumulación de reservas por flujo, cualquier corrección puede ser temporal. Es decir: el dato sectorial (alimentos, hoteles) es evidencia de ajuste, pero no prueba de que la inflación general vaya a bajar de forma sostenida.
Sobre los datos: la nota local da la pauta sectorial, pero para un diagnóstico completo necesitamos la serie oficial del INDEC con desagregación por rubro y la comparación mensual e interanual. Al momento de esta publicación no contamos con la planilla detallada del INDEC en esta nota; por eso recomendamos mirar el informe oficial cuando esté disponible (INDEC). Mientras tanto, la información local ayuda a identificar dónde está pegando el ajuste.
Qué debería pasar ahora
Para que la corrección señalada pase a ser una disminución sostenida de la inflación, hacen falta dos cosas: 1) un ancla macro creíble que reduzca las expectativas de devaluación y 2) acumulación de reservas por flujo que permita administrar la cuenta de dólares sin recurrir a medidas abruptas. Sin esos dos elementos es probable que las subas sectoriales se traduzcan en nuevas rondas de ajustes en otros rubros.
Conclusión
El dato central es práctico: enero mostró mayores subas en alimentos y hoteles (Diario El Norte, 10/2/2026), lo que se siente en el bolsillo y en los márgenes de los comercios. Apoyamos el diagnóstico de reacomodamiento de precios, pero advertimos que, sin ancla macro creíble y acumulación de reservas por flujo, el alivio será frágil. La recomendación para las autoridades es enfocarse en medidas que reduzcan la incertidumbre cambiaria y permitan que las correcciones sectoriales se traduzcan en baja de la inflación general de forma sostenida.