La proporción de deudores que dejaron de pagar sus préstamos bancarios llegó al 10,3% en enero, desde 9,3% en diciembre y 2,67% un año antes, según el informe de bancos del Banco Central. Ese mismo reporte muestra que el saldo de financiaciones en situación irregular representó 6,4% del total, el mayor nivel desde comienzos de 2005.
¿Qué dicen los números y por qué subieron?
El salto en la mora es la contracara del crecimiento acelerado del crédito: en dos años el crédito al sector privado duplicó su peso en términos del PBI, dice el BCRA, y eso aumentó las exposiciones a riesgo. En enero la mora en préstamos personales llegó a 13,2% y la mora entre empresas subió a 2,8% desde 2,5% en términos recientes; un año atrás era 0,77% en enero de 2025, lo que muestra la velocidad del deterioro. Además, los prestadores no bancarios —billeteras y cadenas comerciales— registraron una mora de 23,9% en enero, contra 7,4% en noviembre de 2024, según la consultora Eco Go (Sebastián Menescaldi).
El BCRA explica parte del fenómeno como el resultado de mayores colocaciones en un contexto de inflación y salarios en erosión. Esa lectura es consistente con la experiencia: cuando la masa salarial se ajusta por debajo de la inflación, la capacidad de pago de las cuotas se deteriora.
¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en las tasas?
Para los hogares significa dos cosas concretas: menos acceso al crédito barato y mayor selectividad de las entidades. Con una mora personal de 13,2% y un aumento general a 10,3%, los bancos se muestran reacios a reducir agresivamente las tasas activas. El informe del BCRA advierte que las tasas activas siguen positivas en términos reales, mientras que las tasas pasivas suelen ubicarse en terreno negativo, lo que complica la rentabilidad de colocar depósitos frente al riesgo de prestar.
El efecto directo es mayor carga financiera para quienes ya tienen créditos: cuotas más pesadas y mayor riesgo de entrar en incumplimiento. Para los que buscan un préstamo, el menú es más corto y con requisitos más estrictos. Si ganás el salario mínimo o una remuneración promedio, la combinación de inflación y mora creciente empuja a priorizar gastos básicos y a postergar consumos financiados.
¿Y las empresas y el comerciante de barrio qué sienten?
En el mundo empresario la señal también es clara: la mora empresarial subió a 2,8% y el saldo de financiaciones en situación irregular alcanzó 6,4% del total, según el BCRA. El banco central destaca que, netos de previsiones, esos saldos representan solo 1,5% del capital regulatorio, y que la integración de capital llega a 29% de los activos ponderados por riesgo y 48% del financiamiento al sector privado neto de previsiones. Esos indicadores muestran holgura, pero la dinámica importa: mayores incobrables incrementan el costo de fondeo y tensionan márgenes.
Para el comerciante esto se traduce en proveedores que exigen pagos más cortos, menos crédito comercial y mayores precios de lista para cubrir riesgos. Las financieras y marcas que ofrecían cuotas amplias están viendo su mora dispararse; eso encarece la financiación al consumo y reduce rotación. En suma, la cadena comercial y de proveedores siente el impacto en márgenes y liquidez.
¿Qué se debería hacer ahora?
Vemos que el problema no se soluciona sólo con acomodar parámetros bancarios: es macro y micro a la vez. Coincidimos con la necesidad de acumular reservas por flujo y consolidar un ancla macro creíble para reducir la fragilidad crediticia y el riesgo país. Con reservas crecientes y expectativas más ancladas, los bancos podrían asumir riesgos con más confianza y bajar la selectividad sin distorsiones. A la vez, se requieren medidas microprudenciales temporales: reforzar previsiones obligatorias, focalizar asistencia en hogares vulnerables y evitar topes de tasa sin un ancla macro, porque esos controles generan distorsiones en la oferta de crédito.
El dato clave es que el sistema tiene capital, según el BCRA, pero la velocidad del deterioro obliga a coordinar políticas que protejan a las familias sin asfixiar la oferta de crédito. Sin esa coordinación, relanzar el crédito en pesos será difícil y peligroso.
Franco Pellegrini