La recaudación tributaria nacional ascendió a $17.400.833 millones en abril, pero en términos reales —descontando inflación— registró una caída interanual del 3,8%, la novena baja mensual consecutiva, informó la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Este dato no es solo estadística: reduce el margen para alcanzar el superávit fiscal y obliga a pensar medidas que no descarguen el ajuste sobre trabajadores y pymes.
¿Qué pasó en la recaudación?
Según ARCA y el análisis del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), la caída se explica en buena medida por menores ingresos del comercio exterior y ajustes en alícuotas. En abril los derechos de exportación cayeron 34,4% real interanual, y los derechos de importación retrocedieron 12,5% real, en parte por una menor actividad comercial y por la reducción de tasas respecto a abril de 2025, según Nadin Argañaraz (Iaraf). Además, los tributos ligados al nivel de actividad mostraron deterioro: el IVA neto se redujo 3% real y los aportes y contribuciones a la seguridad social descendieron 4,3% real en abril, conforme al informe citado por La Nación. Con estos números, el primer cuatrimestre acumula una caída de 6,7% real interanual en recaudación total, según Iaraf.
¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en las empresas?
Para un asalariado o una pyme la caída de recaudación vinculada al IVA y a la seguridad social traduce menos demanda y presión sobre el empleo formal. Si la recaudación por IVA cae 3% real, significa ventas reales menores o menores precios cobrados en términos de poder adquisitivo, lo que suele traducirse en márgenes comprimidos para comercios y freno a las contrataciones; los aportes que bajan 4,3% real también reflejan menos empleo formal o salarios reales más bajos, según el análisis de Iaraf. Para el comerciante de barrio —el lente del negocio familiar que venimos usando— esto significa ajustar stocks, renegociar plazos con proveedores y, en muchos casos, recurrir a crédito. Si el crédito no llega o es caro, la retracción de la actividad se profundiza y la caída de la recaudación se vuelve un círculo vicioso.
¿Qué debería hacer el Gobierno y qué pedimos desde esta columna?
Ante una caída sostenida de la recaudación, la prioridad es preservar la actividad y el empleo mientras se mantiene la disciplina fiscal. Apoyamos la acumulación de reservas por flujo y transparencia —como hemos venido sosteniendo— porque una estructura cambiaria y de reservas sólida facilita financiamiento y reduce volatilidad. Al mismo tiempo exigimos medidas de crédito dirigidas a pymes y mecanismos de protección del empleo formal para que la lucha por el equilibrio fiscal no derive en cierres de empresas ni pérdida de salarios. En particular, proponemos líneas de crédito subsidiado condicionadas a mantenimiento de empleo, agilizar reintegros y devoluciones a exportadores donde corresponda, y monitoreo claro de la recaudación aduanera para evitar sorpresas en el flujo de fondos.
El dato clave es que la caída no es sólo por dos o tres impuestos: en el primer cuatrimestre, según Iaraf, los derechos de exportación bajaron 37,5% real y los impuestos internos coparticipados -17,6% real. Eso obliga a combinar orden fiscal con políticas de crédito y alivio temporal para los sectores que generan empleo, y a seguir de cerca el dato de inflación que publicará el INDEC el 14 de mayo para ajustar la interpretación real de estos números. No hay recetas mágicas: la prioridad es que la consolidación fiscal avance por acumulación de reservas por flujo y transparencia, sin que el ajuste se traduzca en más pobreza ni en cierre de negocios formales.