Martín Redrado afirmó que, a partir de abril, la inflación «volverá a bajar» y que en el segundo semestre se «mantendrá en el 2%» mensual (según La Nación). En marzo, el Índice de Precios al Consumidor fue 3,4% (INDEC). Además, Redrado propuso un régimen de incentivos para la construcción y dijo que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad tendría cerca de US$70.000 millones para financiar crédito a largo plazo (según La Nación). Vemos en estas tres cifras la base de la discusión: una previsión optimista (2% mensual), un dato reciente aún más alto (3,4% en marzo) y una propuesta de financiamiento grande pero condicionada a la transparencia.

¿Es realista la previsión de 2% mensual?

La afirmación de 2% mensual es una meta clara, pero requiere chequeo numérico y temporal. Si la inflación se mantuviera en 2% cada mes durante un año, la inflación anualizada sería aproximadamente 26,8% (cálculo: 1,02^12 − 1). Comparado con el 3,4% registrado en marzo (INDEC), eso implica una caída rápida en el ritmo mensual. Para que eso ocurra hace falta una secuencia sostenida de meses debajo de 2%, o al menos un tránsito inmediato desde 3,4% a 2% en abril, una transición que requiere señales macroeconómicas coherentes y verificables. Además, una previsión es una hipótesis: la política fiscal, el régimen cambiario y la tasa real de interés deben alinearse para que ese 2% no sea solo una expectativa.

Desde el lente de datos: la diferencia entre 3,4% y 2% en un mes representa una corrección grande en el ritmo de precios. No es imposible, pero es ambicioso. Observamos que cualquier pronóstico de ese tipo necesita métricas claras de verificación mes a mes (fuentes oficiales como INDEC y reportes del BCRA) y un plan que explique los mecanismos por los cuales la inflación desacelera sin provocar ajuste desordenado en la actividad.

¿Cómo impacta esto en el bolsillo y el crédito a largo plazo?

Traducido al bolsillo, 2% mensual sigue siendo una pérdida de poder adquisitivo importante para salarios y jubilaciones. Si los sueldos no ajustan al mismo ritmo, el salario real sigue erosionándose; si ajustan, se alimenta la inflación. Redrado propone un Régimen de Incentivo para la Construcción (RICO) y que el IVA se pague cuando la obra produzca rendimiento, lo que podría reducir costos iniciales para un constructor. También sugiere usar el FGS para otorgar crédito a 30 años en pesos, una propuesta orientada a la clase media que busca vivienda (según La Nación, FGS ~US$70.000 millones).

Aquí interviene nuestro lente de comerciante y pyme: créditos a largo plazo en pesos son útiles solo si hay reglas estables y fondos administrados con transparencia. Apoyamos la creación de instrumentos que permitan acceso a la vivienda y la inversión en construcción, pero exigimos claridad sobre cómo se preserva el capital y cómo se evita que esos recursos sufran pérdidas por devaluación o mala gestión. En ese sentido conviene conectar estas propuestas con medidas que protejan el empleo formal y alivien la mora de los hogares (ver proyecto de Emergencia PyME para medidas complementarias: https://prensalibreonline.com.ar/politica/presentaron-el-proyecto-de-emergencia-pyme-y-comienza-el-deb-2026-04-28).

¿Qué cambios macroeconómicos son necesarios para que la apuesta funcione?

Redrado apunta a tres pilares: un régimen cambiario a largo plazo, un régimen monetario que habilite crédito y un régimen financiero con reglas claras (según La Nación). Coincidimos en que esos pilares existen como objetivo pero no como realidad consolidada. Para que 2% mensual sea sostenido, se necesita: acumulación de reservas por flujo y transparencia en su uso; una política monetaria que ofrezca tasas reales positivas sin estrangular la actividad; y reglas fiscales que permitan un sendero de déficit compatible con financiamiento interno. Apoyamos la acumulación de reservas por flujo y la transparencia en su manejo, y exigimos medidas concretas que protejan el empleo formal y alivien la mora de los hogares ante eventuales ajustes.

Hay un riesgo práctico: bajar restricciones cambiarias sin un andamiaje de reservas y confianza puede provocar fuga de capitales y volver la inflación al alza. Por eso cualquier avance hacia mayor apertura debe acompañarse de indicadores públicos, metas verificables y gobernanza sobre fondos como el FGS. En definitiva, la previsión de 2% mensual es una referencia política y técnica; la pregunta clave es si hay, detrás del número, reglas y datos que permitan comprobar mes a mes que la economía se encamina a ese ritmo. Si no las hay, la afirmación queda en promesa.

Franco Pellegrini