La utilización de la capacidad instalada de la industria cayó a 53,6% en enero, el nivel más bajo para un primer mes desde que el INDEC retomó la serie en 2016, según el informe oficial. La variable venía de iniciar 2025 en 55% y había llegado a 61% en septiembre y octubre, pero retrocedió a 57,7% en noviembre, 53,8% en diciembre y finalmente 53,6% en enero, según el INDEC.
¿Qué pasó y por qué importa?
El dato importa porque la utilización de la capacidad es un termómetro de actividad: niveles cercanos al 80% suelen asociarse con expansión; 53,6% muestra holgura y capacidad ociosa, y eso restringe demanda de insumos y empleo. En números: refinación de petróleo exhibió 86,8% de uso (INDEC), mientras que productos textiles y la industria automotriz registraron 23,7% y 24% respectivamente (INDEC). Además, la fabricación de maquinaria agropecuaria cayó 32,1% interanual y la de aparatos de uso doméstico retrocedió 35,8% según el Índice de Producción Industrial Manufacturero del INDEC. Los datos muestran heterogeneidad: ramas vinculadas a minería, hidrocarburos o agro reaccionan mejor; las que compiten con importaciones están más golpeadas.
¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en los comerciantes?
Traducido: menos producción significa menor demanda de empleo y menores vueltas de caja para muchos comercios y pymes que son proveedores de la industria. Sectores como textiles (23,7% de uso de capacidad) y automotriz (24%) suelen tener cadenas de proveedores locales; cuando esas ramas operan por debajo de 30% se tensionan salarios, pagos a proveedores y stock. El economista Federico González Rouco, citado por La Nación, atribuye parte del impacto a la apertura de importaciones: “los que compiten con importaciones están muy mal”. También hay componente estacional: Camilo Tiscornia destaca que enero y febrero muestran paradas de planta, pero subraya que el contexto estructural sigue siendo complejo. Para el comerciante de barrio esto se traduce en cuentas más ajustadas y mayor sensibilidad a precios de insumos y tipo de cambio.
¿Qué necesita la política económica ahora?
No hay receta mágica: la apertura comercial puede mejorar eficiencia, pero sin una macro ordenada genera ganadores y perdedores frágiles. Apoyamos la acumulación de reservas por flujo y un ancla macro creíble como condiciones necesarias para que la apertura sea ordenada y proteja inversión y empleo, coherente con nuestras posiciones previas. Con reservas crecientes y un ancla clara se reduce la volatilidad cambiaria y se facilita financiamiento sostenible para modernizar plantas y reconvertir empleos. Al mismo tiempo hacen falta medidas sectoriales: financiación para capital de trabajo, programas de reconversión tecnológica, y acuerdos públicos-privados para cadenas sensibles (textil, autopartes). En números: si la utilización se mantiene por debajo de 55% habrá recursos ociosos que requieren políticas de demanda y oferta coordinadas, no solo proteccionistas ni solo liberalización sin contrapartidas.
Franco Pellegrini