La demanda de crédito privado cayó “significativamente” en el primer trimestre y los bancos endurecieron los requisitos para prestar, mientras la mora de los hogares llegó a 11,22% en febrero, según la Encuesta de Condiciones Crediticias del Banco Central (BCRA). Esta combinación explica por qué la baja de tasas todavía no se traslada plenamente a la economía real.

¿Qué dicen los números?

La encuesta del BCRA, que cubre cerca del 90% del mercado de crédito privado, muestra una restricción notable en estándares, plazos y montos para empresas y familias. En febrero la mora total del sistema fue 6,71%, casi cuatro veces el 1,76% registrado un año atrás, y la de empresas fue 2,92% (BCRA). Al mismo tiempo, estimaciones privadas indican que la tasa mayorista TAMAR bajó desde niveles cercanos al 30% anual a alrededor de 22,5% en abril, pero las líneas a hogares siguen muy elevadas: préstamos personales cerca del 69% y financiación con tarjeta en torno al 78% (GMA Capital). Los bancos reportan montos máximos más bajos, plazos más cortos y mayores exigencias de garantía.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en el comercio?

La combinación de mora elevada y pérdida de salario real reduce la demanda efectiva. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,6% mensual en febrero y quedó 2,1% por debajo del nivel de un año atrás, según el INDEC. El Banco Provincia señala que en abril los préstamos a empresas y hogares crecieron por debajo de la inflación, por lo que el crédito no está impulsando la demanda interna. Para un asalariado registrado con salario real en retroceso, endeudarse es más riesgoso; para un comerciante, la máquina de caja trabaja con menos margen y menos financiamiento para capital de trabajo. Con crédito al sector privado inferior al 20% del PBI (Barclays), el canal crediticio tiene escasa profundidad comparada con economías con más crédito y mayor capacidad de recuperación.

¿Por qué los bancos se volvieron más cautelosos?

Los bancos están recalibrando riesgo tras la volatilidad electoral y una aceleración inflacionaria que elevó los incumplimientos. Con más crédito en atraso, especialmente en hogares, las entidades endurecen filtros, actualizan scoring y concentran préstamos en clientes de menor riesgo. La morosidad en hogares, en máximos de la serie iniciada en 2008, obliga a reservar más capital o a ofrecer planes de refinanciación que, a su vez, limitan la voluntad de expandir nuevas colocaciones. Además, el spread entre la tasa mayorista y las tasas al público sigue siendo grande, lo que refleja percepción de riesgo y costos de fondeo. Según la propia encuesta, los bancos esperan un moderado aumento de la demanda en el segundo trimestre, sobre todo entre grandes empresas, pero proyectan un impulso menor para las pymes.

¿Qué medidas pueden ayudar sin agravar el riesgo?

La baja de tasas por sí sola no alcanza. Vemos cuatro líneas operativas: 1) políticas de crédito dirigidas y temporales, con garantías públicas que compartan riesgo y reduzcan el spread para pymes; 2) programas de reestructuración ordenada de deuda de hogares para bajar la mora sin destruir historiales crediticios; 3) mantener disciplina en la acumulación de reservas por flujo y transparencia, porque la estabilidad cambiaria reduce prima de riesgo; 4) medidas que impulsen la actividad real (subsidios focalizados a capital de trabajo, contratos de precio/volumen para sectores intensivos en empleo). El objetivo: que el alivio monetario llegue a préstamos que sostengan empleos formales y la demanda, sin desencadenar nuevas olas de incumplimiento. Recomendamos combinar liquidez con control de riesgo y transparencia en la gestión de reservas.

En números: la mora del sistema 6,71% (BCRA), hogares 11,22% (BCRA), TAMAR estimada en 22,5% (privados) y préstamos personales cerca de 69% (GMA Capital). Esos son los límites que hoy explican por qué el crédito no empuja la recuperación con fuerza.