Brasil le sacó el primer lugar a la Argentina en exportaciones de harina de soja en el arranque de 2026: 7,7 millones de toneladas contra 7,5 millones según los sistemas oficiales del IBGE y del INDEC, y ese puesto viene acompañado de dólares: la harina de soja aporta alrededor de US$10.000 millones al año al ingreso de divisas argentino, según el análisis del sector citado por La Nacion. En números: Brasil 7,7 millones, Argentina 7,5 millones en el primer cuatrimestre 2026 (IBGE; INDEC), y una caída estructural que preocupa a la cadena oleaginosa y a toda la economía por su impacto en el saldo de la balanza comercial.
¿Qué pasó y por qué?
Según expertos y estadísticas, la explicación supera la ocurrencia climática y tiene anclaje estructural: el informe Wasde del USDA proyecta aumentos en la molienda de soja de Estados Unidos en 8,2 millones de toneladas y de Brasil en 6,8 millones entre las campañas 2024/25 y 2026/27, mientras que Argentina mostraría una leve caída de 200.000 toneladas, lo que explica la pérdida de ritmo en saldos exportables. Además, la Asociación Brasileña de Industrias de Oleaginosas (Abiove) estima una molienda récord de 62,5 millones de toneladas y exportaciones de harina por 24,8 millones de toneladas, cifras que ilustran una política industrial y comercial activa en Brasil, con mayor corte de biodiésel y promoción de procesamiento doméstico. Por otro lado, la producción argentina permanece alrededor de 50 millones de toneladas de poroto, lejos de las proyecciones de 2016 que hablaban de 65 millones, según el análisis citado por RIA Consultores, lo cual indica que el problema es tanto de oferta como de estímulos a la molienda.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Para el bolsillo y para los comerciantes rurales las consecuencias son claras: menos molienda nacional significa menos trabajo en plantas, menos demanda de insumos y menos dólares por exportaciones que antes ingresaban por harina, el producto que más divisas deja al complejo sojero; según Ciara-CEC, perder posicionamiento complica la generación de divisas. En mercados concretos la pérdida ya se observa: Indonesia importó 1,5 millones de toneladas desde Brasil en el primer cuatrimestre versus 826.000 toneladas desde Argentina, según los datos citados por La Nacion, y Vietnam está comprando más harina a Estados Unidos mientras diversifica sus proveedores, según movimientos reportados por NOPA y análisis del sector. Traducido: menos ventas externas y menos poder negociador para productores y procesadores argentinos, presionando al tipo de cambio real, al empleo en plantas de molienda y a la capacidad de las pymes del sector para invertir.
Qué medidas necesita la Argentina (sin recetas mágicas)
Los apuntes del sector son operativos y razonables: aumentar la demanda interna de molienda mediante un mayor corte de biodiésel, acelerar la reducción programada de derechos de exportación con calendario público y certidumbre, y trabajar con urgencia sobre logística, especialmente la hidrovía y corredores ferroviarios para bajar costos, según Ciara-CEC y las voces del sector. Esas medidas deben combinar incentivos a la inversión en capacidad de crushing con reglas transparentes y plazos conocidos para que la industria y las pymes planifiquen, y siempre condicionadas a un ancla macro creíble que dé previsibilidad cambiaria y monetaria para atraer capital, algo que venimos reclamando como columna editorial: apoyamos reformas ordenadas y transparentes acompañadas de protecciones para pymes y consumidores. No hay atajos: aumentar el corte de biodiésel desde el 7,5 por ciento actual hacia niveles más ambiciosos, junto a una reducción gradual y anunciada de retenciones y mejoras logísticas, es la hoja de ruta que recomiendan los actores del sector, pero su éxito depende de una política macroeconómica coherente que garantice el valor del peso y redunde en más inversión productiva.
Cerramos con una advertencia práctica: si la Argentina quiere volver a liderar no alcanza con deseos ni con declaraciones, hacen falta reglas claras, obras de logística materializadas y políticas industriales que no se contradigan con medidas macroeconómicas que erosionen la previsibilidad. Si no, lo que vemos hoy puede ser el nuevo mapa estructural del comercio de harinas de soja, con menos dólares y más dudas para la cadena agroindustrial.