El ministro de Economía, Luis Caputo, adelantó que la inflación de marzo estará «seguramente» por encima del 3% y será la suba mensual más alta del año, según La Nación. El dato local que suele anticipar la tendencia, el IPC porteño, registró exactamente 3% en marzo y dejó un acumulado en el primer trimestre de 8,9% y una variación interanual de 32,1% — según la Ciudad de Buenos Aires. Estas cifras confirman que marzo fue un mes de mayor presión sobre los precios y que el proceso de desinflación que promete el Gobierno tardará más en consolidarse.

Causas detrás del salto de marzo

Vemos varias causas que coinciden con la versión oficial y con las proyecciones del mercado. Primero, el impacto en combustibles: el artículo señala una suba del 25% en los combustibles que actúa como arrastre sobre transporte y logística, y que repercute en alimentos y servicios. Segundo, ajustes tarifarios: electricidad y agua tuvieron aumentos que se trasladan rápido a la canasta básica. Tercero, efectos estacionales: marzo incluye tasas de inicio escolar y mayor demanda de transporte. En términos de números, febrero había marcado 2,9% (según el INDEC) y el consenso privado citado en La Nación ubica marzo entre 2,7% y 3,3% para nivel nacional. Además, el REM del BCRA, con 46 participantes, proyectó una inflación anual cercana a 31,8%, apenas por encima del cierre de 2025. Estos elementos explican por qué un mes concreto puede empujar la media trimestral hacia arriba.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo?

Traducido: más inflación mensual significa pérdida de poder de compra. Si ganás el salario mínimo o un sueldo fijo, un salto mensual por encima del 3% reduce el poder adquisitivo inmediato y obliga a recomponer salarios o cuotas. Para ponerlo en contexto, el IPC porteño mostró 3% en marzo y 8,9% en el trimestre — eso equivale a casi un salario y medio mínimo devorado en tres meses si los ingresos no se ajustan. Los comerciantes que vimos en la calle hablan de proveedores que ajustan precios por el costo de logística (combustible) y por expectativas cambiarias. Si las empresas trasladan estos costos, los márgenes de los comercios se comprimen y aumentan los precios al consumidor. En este escenario, la acumulación de reservas por flujo y la transparencia sobre ingresos externos —posiciones que apoyamos— ayudan a reducir volatilidad cambiaria y, con ello, la presión sobre precios importados.

¿Qué deberían hacer el Gobierno y el Banco Central?

Desde el lente macro y el de bolsillo, la receta no es única: se necesitan políticas coordinadas. Primero, coordinación fiscal y tarifaria para evitar pases de costos innecesarios entre niveles de gobierno; segundo, señales creíbles del BCRA para anclar expectativas sin estrangular el crédito productivo. Apoyamos medidas que acumulen reservas por flujo y mayor transparencia en los ingresos externos, porque eso estabiliza la oferta de divisas y evita saltos cambiarios que disparan inflación importada. Al mismo tiempo, es imprescindible cuidar el empleo formal: ajustes abruptos del gasto o recortes que produzcan desempleo empeoran la situación social. Caputo afirmó que desde abril vendría una fase de desinflación y crecimiento; la evidencia de marzo obliga a ser prudentes con esa promesa. Para seguir el contexto político-económico relacionado con el equipo económico, ver nuestra nota sobre el viaje de Caputo a Washington y el desembolso en juego: https://prensalibreonline.com.ar/politica/caputo-viaja-a-washington-en-el-primer-aniversario-del-acuer-2026-04-13

En números: marzo puede terminar arriba de 3% (según La Nación), el IPC porteño ya marcó 3% (Ciudad de Buenos Aires) y el REM del BCRA coloca la inflación anual cerca de 31,8% con proyecciones mensuales que no bajarían por debajo del 2% hasta agosto o septiembre. Eso obliga a combinar anclas macro con apoyo a salarios y políticas que eviten desindustrialización provincial y pérdida de empleo formal, exactamente las prioridades que venimos sosteniendo.