Las billeteras digitales hoy le prestan a cuatro de cada diez argentinos que toman un crédito formal, pero la mora total de esas carteras alcanzó 30,5% a febrero de 2026, según la Cámara Argentina Fintech y el ITBA. Vemos una expansión rápida —de 3,7 millones a 8,1 millones de usuarios en 24 meses— que amplía el acceso, pero también concentra riesgos en préstamos de bajo monto y a segmentos vulnerables.
¿Qué pasa con la mora y quiénes son los afectados?
La mora operativa —préstamos con retrasos de 30 a 360 días— se mantuvo en torno al 22% desde noviembre del 2025, mientras que la mora total, que suma incobrables, llegó al 30,5% a febrero de 2026, según el informe de la Cámara Argentina Fintech y el ITBA. Esa cifra refleja varios factores: la desinflación que reduce la licuación de cuotas, salarios que no alcanzan para cubrir aumentos de precios y la volatilidad de tasas a fines de 2025. El crecimiento fue abrupto: la base de usuarios fintech creció 121% en dos años y 2,3 millones operan exclusivamente por estas plataformas, el 32% del total fintech.
El perfil del deudor importa: muchos son informales o sin historial crediticio. Las fintech prestan montos menores y a mayor riesgo, por lo que la participación en cantidad de clientes es alta pero su participación en volumen es pequeña, algo que explica parte del estrés en la cartera.
¿Cómo impacta esto en tu bolsillo?
En términos prácticos, los préstamos fintech son microcréditos: el promedio por operación es de 541.394 pesos, según la Cámara Argentina Fintech y el ITBA, mientras que las entidades financieras clásicas prestan en promedio 4,1 millones por operación. Aun así, cuatro de cada diez quien toma un crédito formal lo hace por una fintech, aunque estas representan solo 3,3% del volumen total del sistema. Para un trabajador con ingresos variables, eso significa mayor acceso pero también cuotas y tasas que pueden ser más altas porque las fintech usan capital propio en lugar de depósitos minoristas.
Las propuestas legislativas que fijan topes de 30% del ingreso para servicio de deuda dejan afuera a quienes trabajan en la informalidad; en un sector donde 2,3 millones solo tienen vínculo con fintech, esa regla puede significar exclusión, no protección. Por eso la solución para el bolsillo no es cerrar el grifo: es bajar costos, estabilizar precios y mejorar educación financiera.
¿Qué significa para el sistema financiero y las pymes?
Argentina sigue con un mercado de crédito relativamente pequeño: el crédito privado representa 13,1% del PBI, frente a 26,6% en México y promedios regionales mucho mayores, según el mismo informe. Las fintech están ampliando la base de acceso, pero no profundizan el mercado en términos de volumen. Para las pymes esto tiene dos caras: más clientes con acceso a microcréditos puede sostener consumo y ventas, pero si la mora sube y las tasas se disparan, los proveedores y comercios sufren por pagos demorados y menos poder de compra.
Desde la mirada del comerciante y del trabajador, necesitamos tres cambios: estabilidad macro para que las cuotas no se vuelvan impagables, costos financieros más bajos vía menos impuestos y mejores fuentes de funding para fintech, y sistemas de cobro y rescate más eficientes. También es clave fortalecer el intercambio de datos crediticios y la educación financiera para que el primer préstamo sea el inicio de un historial sano.
Conclusión y propuesta práctica
La expansión fintech es una buena noticia en términos de inclusión: 8,1 millones de usuarios en dos años demuestra capacidad de escala. Pero la mora del 30,5% obliga a no romantizar el acceso: queremos más crédito, pero mejor diseñado. Apoyamos políticas que combinen transparencia, reducción de costos y protección a pymes, trabajadores y jubilados, junto con programas de educación financiera y mecanismos de funding que permitan bajar tasas sin excluir a los informales. Solo así la inclusión será sostenible y no terminen pagando el costo los hogares y los comercios.
Franco Pellegrini