El Banco Central le dijo a inversores que ya acumuló US$1.500 millones netos por compras en el mercado de cambios en el primer trimestre y que cuenta con más margen para seguir comprando reservas, además de haber adquirido en total poco más de US$6.000 millones hasta ahora, según la presentación citada por La Nación.

¿Qué dijo el BCRA y qué números presentó?

En una presentación en Washington, el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, mostró cifras concretas: US$1.500 millones netos acumulados en el primer trimestre y algo más de US$6.000 millones adquiridos en total por intervenciones cambiarias, según La Nación. Además, el Central señaló que hay US$3.200 millones correspondientes a obligaciones negociables (ON) emitidas por empresas en el primer trimestre que todavía pueden liquidarse en el mercado cambiario —las compañías tienen hasta 180 días para hacerlo—. Sobre el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), el informe mencionó US$1.206 millones ingresados en la primera parte del año y que el BCRA ya capturó US$762 millones. También se registraron pagos de dividendos por alrededor de US$690 millones en el trimestre, otro flujo que mostró la presentación. Todos los números, según la comunicación oficial citada por La Nación, buscan mostrar acumulación genuina por flujo.

¿Alcanzan estos dólares para la meta 2026?

El plan oficial plantea metas acordadas con el FMI: sumar US$3.500 millones netos hacia junio y US$8.000 millones en todo 2026, según la misma presentación. La pregunta es si la suma de compras del BCRA, las liquidaciones de ON y los flujos por RIGI y dividendos llegarán a cubrir esa meta sin financiamiento adicional. En el mercado hay escepticismo sobre la velocidad de esos ingresos: el riesgo país todavía ronda o supera los 500 puntos básicos, lo que encarece cualquier financiamiento externo adicional. El BCRA sostiene que la demanda privada de cobertura cambiaria se desplomó desde representar cerca del 50% del M2 antes de las elecciones legislativas de 2025 hasta niveles marginales, lo que liberó depósitos en dólares en el sistema. Pero las cifras prometidas dependen de decisiones privadas (repatriaciones, liquidación de ON, inversiones), por lo que la velocidad de llegada es incierta y no está garantizada solo por la intención oficial.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Si los flujos prometidos efectivamente se materializan, habría menor presión sobre el tipo de cambio oficial y más espacio para acumular reservas sin recurrir a deuda soberana. Eso podría ayudar a bajar primas de riesgo y reducir volatilidad. Pero la experiencia reciente muestra que la acumulación por flujo puede ser intermitente: depende de la cosecha, del precio de commodities, de pagos de dividendos y de decisiones corporativas. La presentación buscó enfatizar que la estrategia prioriza financiamiento corporativo, inversión directa y repatriación por sobre nueva emisión soberana. Para que eso funcione se necesita transparencia sobre los montos y calendarios: sin rendición pública y verificable de cuándo entran esos US$3.200 millones o los aportes del RIGI, el mercado seguirá valorando riesgo político y cambiario, y la expectativa de estabilización será frágil.

¿Qué significa esto para tu bolsillo y para los comercios?

Traducido: más reservas por flujo podrían moderar la depreciación del peso y, en el mediano plazo, bajar algo de la presión inflacionaria asociada a ajustes cambiarios bruscos. Para un comerciante —como los que conocemos en Once— eso se traduce en previsibilidad en los márgenes, menores saltos en costos dolarizados y más facilidad para planificar compras a proveedores externos. Para los salarios y jubilaciones, la ganancia es indirecta: más estabilidad cambiaria facilita políticas macro más sostenibles. Pero no hay receta mágica: la acumulación debe ser genuina y acompañada de medidas que protejan el empleo formal, como planteamos antes. Si los ingresos se verifican y se comunican con claridad, la estrategia por flujo es preferible a un aumento de deuda; si no, la incertidumbre volverá a pagarla el bolsillo de los hogares y las pymes.