El diablo viste a la moda 2 ya vendió 749.006 entradas en Argentina en menos de diez días, según datos de Ultracine reportados por LA NACION, y la industria proyecta que podría alcanzar hasta 1,5 millones de espectadores antes de fin de mes. Ese número no es solo un pico de taquilla: viene acompañado de un fenómeno social —grupos que van al cine “lookeados”, conversaciones en redes y una oleada de cobertura mediática— que recuerda a lo ocurrido con Barbie hace dos años.

¿Por qué se convirtió en un “acontecimiento social”?

Vemos tres ingredientes: nostalgia de marca, casting de estrellas y una estética que se presta al gesto público. Según Ultracine, la secuela registró casi un 800% más de concurrencia en su primer fin de semana que la película original de 2007 (la original tuvo 315.140 entradas en 14 semanas), una comparación que explica parte del impacto cuantitativo. A eso se suma la mecánica de lo viral: recomendaciones de boca en boca y personas que transforman el estreno en un acto social —ir al cine ya no es solo consumir un producto, es performar una identidad. Ese fenómeno alimenta la venta de entradas y genera cobertura gratuita que, a su vez, incrementa la concurrencia. Es cultura pop que se mide en tickets, no en hashtags.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

En lo inmediato, la película ya es el tercer título más visto del año: los 749.006 tickets la ubican detrás de Super Mario Galaxy, con 1.031.371, y Avatar: fuego y cenizas, con 925.000, según Ultracine. El sector espera que los grandes estrenos eleven la cifra anual: la proyección de la industria para 2026 es de 37 millones de entradas frente a 32.803.818 vendidas en 2025, de acuerdo a la nota de LA NACION. Ese salto proyectado (un aumento de casi 12,7% respecto a 2025) depende, sin embargo, de que Toy Story 5, Minions & Monsters y otros éxitos familiares funcionen como imanes durante la temporada de vacaciones. Lo que vemos es una recuperación concentrada en blockbusters; la pregunta es si eso alcanza para revitalizar la oferta local y las películas de menor presupuesto.

¿Es sostenible esta recuperación o es solo un paréntesis veraniego?

La sostenibilidad se apoya en el calendario y en el público familiar. Toy Story 5 se estrena el 18 de junio y Minions & Monsters el 2 de julio; históricamente esos títulos arrastran enormes volúmenes: Toy Story 4 vendió 6.635.000 entradas en 2019 y Minions alcanzó casi cinco millones en 2015 (datos históricos citados por LA NACION), cifras que muestran el potencial de arrastre. Internacionalmente, la película ya sumó 327 millones de dólares en menos de dos semanas a escala global, según reportes de la industria, y en mercados regionales las preferencias varían: Michael acumuló 3.830.000 tickets en México frente a 2.430.000 de El diablo viste a la moda 2, mientras que en Argentina Michael llegó a cerca de 600.000 espectadores. Es decir: la recuperación puede consolidarse si la oferta familiar se mantiene, pero corre el riesgo de ser episódica si la asistencia depende solo de megataquillas.

Para entender si esto cambia la tendencia estructural de la taquilla necesitamos datos abiertos: desglose por cadena, por sala, por función y por tramo etario. Exigimos transparencia y datos abiertos sobre las proyecciones y las metodologías que usa la industria para medir concurrencia —la misma demanda que venimos sosteniendo en otros sectores donde las cifras condicionan decisiones públicas y privadas. Sin esos datos, lo que celebraremos como recuperación seguirá siendo, en parte, una impresión mediada por eventos excepcionales y no una señal de cambio sostenido en el comportamiento de la audiencia.