Los salarios registrados privados cayeron 0,3% en marzo, según el informe “Panorama mensual del trabajo registrado” elaborado por el Ministerio de Capital Humano con datos del SIPA. Al mismo tiempo, el informe apunta que el poder adquisitivo del salario medio del empleo registrado privado está 3 puntos porcentuales por encima del nivel de noviembre de 2023 (comparación a marzo de 2026). Ese contraste —caída mensual y recuperación mediana— explica la disputa pública entre mediciones oficiales y otras series como la EPH, el RIPTE y el Índice Salarios del INDEC.
¿Qué dicen los números y por qué difieren los indicadores?
En números: SIPA muestra -0,3% en marzo y +3% desde noviembre de 2023 para el salario medio del empleo registrado del sector privado (Ministerio de Capital Humano / SIPA). En paralelo, el informe oficial reporta que el salario promedio pactado por convenios de amplia cobertura acumuló una caída de 6 puntos porcentuales en términos reales desde noviembre de 2023. Las diferencias no son solo semánticas: SIPA es un registro administrativo de remuneraciones brutas; la EPH es una encuesta de hogares; el RIPTE mide remuneraciones imponibles de trabajadores con más de 13 aportes; y el Índice Salarios del INDEC refleja lo que pagan las empresas por puesto de trabajo. Cada serie tiene cobertura distinta y excluye o incluye conceptos (bonos, sumas no remunerativas) que alteran la comparación. Por eso el informe del Ministerio subraya que parte de la recuperación estuvo explicada por pagos fuera de la base paritaria.
¿Cómo impacta esto en tu bolsillo?
Para el bolsillo, una caída de 0,3% en un mes de alta inflación equivale a menos poder de compra inmediato; la recuperación acumulada de 3% desde noviembre puede no ser suficiente si la inflación acumulada en el mismo periodo fue mayor. Además, el informe reconoce heterogeneidad: los informales crecieron más en ingresos, mientras que los salarios paritarios promedio se contrajeron en 6 puntos porcentuales (Ministerio de Capital Humano). Traducido: algunos trabajadores vieron mejoras por encima del promedio, otros —especialmente quienes dependen de convenios con bases paritarias comprimidas— perdieron terreno. También hay un efecto empresario: las paritarias en este gobierno, según declaraciones del ministro Julio Cordero citadas por LA NACION, buscan establecer un piso que no obligue a cerrar negocios; luego las empresas que puedan mejoran los pagos con sumas extra. Eso genera desigualdad entre trabajadores y sectores y complica el relato único sobre recuperación salarial.
¿Qué riesgos y señales debemos atender?
Vemos tres riesgos concretos. Primero, la coexistencia de mediciones distintas puede confundir decisiones de política y expectativas: si el salario “oficial” sube pero la mayoría percibe lo contrario, la confianza social se erosiona. Segundo, la recuperación basada en sumas no remunerativas o en segmentos específicos es frágil ante inflación futura; si la inflación vuelve a acelerarse, cualquier ganancia real puede evaporarse. Tercero, la caída de 0,3% en marzo muestra que la dinámica mensual puede virar rápido en meses de alta presión de precios. Datos cruzados son necesarios: SIPA, EPH, RIPTE e Índice Salarios deben ser monitoreados en conjunto y con transparencia sobre cobertura y conceptos incluidos (Ministerio de Capital Humano; INDEC). Sin esos matices, el debate público se vuelve más político que técnico.
¿Qué deberían hacer los responsables de la política económica?
Exigimos claridad de datos y políticas que protejan empleo y pymes mientras se preserva el salario real. Primero, transparencia: publicar desagregaciones por tramo salarial, tipo de convenio y por concepto (remunerativo vs no remunerativo). Segundo, acompañar las paritarias con herramientas focalizadas para los salarios más bajos (transferencias temporarias o créditos para pymes condicionados a mantener empleo), de modo que la recuperación no dependa solo de sumas discrecionales. Tercero, coordinar macro y mercado laboral: la política monetaria y fiscal deben buscar reducir la inflación para que las mejoras nominales se traduzcan en poder adquisitivo duradero. En resumen, los números del SIPA muestran matices: no negamos una recuperación promedio, pero pedimos políticas y datos que la sostengan y la hagan homogénea para trabajadores y pymes.