El Gobierno le debe a los exportadores reintegros que, según la Cámara de Exportaciones de la República Argentina (CERA) citado por La Nación (10/4/2026), acumulan un atraso de ocho meses. En números: la CERA afirma que entre abril y diciembre de 2025 las exportaciones crecieron 10% respecto al mismo período anterior mientras que las devoluciones de IVA y reintegros disminuyeron 28%, y que en febrero de 2026 los reintegros fueron nulos, con pagos retomados en marzo. Esta combinación golpea la liquidez de las empresas que venden fuera y limita su capacidad de invertir y pagar salarios.
¿Qué denuncian los exportadores?
La queja central es doble y tecnológica en su efecto: falta de devolución de impuestos y obligación de liquidar el 100% de las divisas. Según la CERA citado por La Nación, el retraso en reintegros se fue agravando desde 2024 y en 2025 las devoluciones se redujeron 28% en el período abril-diciembre comparado con el año previo. Además, la cámara advierte que en febrero de 2026 los reintegros fueron nulos, aunque hubo desembolsos en marzo. Ese dinero no devuelto equivale a financiamiento gratis al Estado que sale de la caja del exportador. Por otra parte, la liquidación obligatoria de divisas impide a las empresas disponer de dólares para prepagos de importaciones o compra de maquinaria, forzándolas a buscar crédito a tasas altas. La CERA también señaló que Argentina vendió US$4.656 millones a Medio Oriente en 2025, y que de esa región depende 26% de urea y 31% de fertilizantes potásicos, lo que muestra la vulnerabilidad logística y de insumos cuando falta divisa disponible.
¿Qué significa esto para tu bolsillo y para las pymes exportadoras?
Traducido: menos reintegros y dólares retenidos significan menos inversión y menos empleo formal en el mediano plazo. Para una pyme exportadora la devolución de IVA o un reintegro puede ser la diferencia entre pagar sueldos o atrasarse con proveedores. Si los reintegros llevan ocho meses de atraso, como denuncia la CERA (La Nación, 10/4/2026), las empresas pierden capital de trabajo. El resultado llega al consumidor: menos capacidad productiva puede traducirse en menor oferta, presiones sobre precios y pérdida de competitividad. Desde el lente del comerciante, el problema es el flujo: pagar salarios, comprar insumos y financiar un embarque hoy sin las devoluciones obliga a recurrir a crédito a tasas altas. A nivel macro, financiar al Estado con liquidez privada reduce la acumulación de reservas por flujo, que es clave para estabilizar el tipo de cambio y bajar inflación. Cuando el Estado demora reintegros se equivoca de instrumento: toma crédito indirecto de los exportadores en lugar de mejorar la recaudación estructural.
¿Qué debería hacer el Gobierno y cuál es nuestra postura?
Primero, normalizar y calendarizar los pagos para eliminar el atraso de ocho meses reportado por la CERA (La Nación, 10/4/2026). Segundo, revisar la obligación de liquidar 100% de las divisas y buscar mecanismos que permitan a exportadores disponer de parte de sus dólares para inversiones productivas sin poner en riesgo la cuenta de reservas. Tercero, cualquier alivio o promoción a exportaciones debe venir acompañado de acumulación de reservas por flujo, transparencia en ingresos externos y medidas que protejan el empleo formal. Esto coincide con nuestra posición previa sobre promoción de exportaciones: apoyamos medidas que aumenten ventas externas siempre que incrementen reservas y no transfieran riesgos a los trabajadores. El Estado también puede priorizar reintegros vinculados a inversiones en bienes de capital para que la devolución sea un incentivo productivo. En suma, se necesita una política que no use la caja de los exportadores como financiación temporal y que recupere previsibilidad para quienes sostienen divisas y empleo.
Para ponerlo en contexto: la CERA alerta además sobre un aumento de medidas restrictivas globales y una reconfiguración de flujos (según la misma nota), lo que hace más costosa la incertidumbre local. Si no hay restauración de pagos y acceso ordenado a dólares, la consecuencia será menos inversión, menos empleo formal y pérdida de mercado externo, especialmente en cadenas que dependen de insumos importados.
Franco Pellegrini