Jorge Enrique Oviedo murió el 17 de abril de 2026 a los 87 años, dejando una trayectoria que, según La Nación, abarcó más de medio siglo y una dirección de Los Andes que duró casi 15 años hasta 2001. (Según La Nación, 24/4/2026). Vemos en su historia a un editor clásico que atravesó la mitad del siglo XX y las transformaciones digitales del XXI, y ese puente que construyó entre generaciones es lo que hoy nos obliga a preguntarnos cómo cuidamos la memoria del periodismo local.

Un director en la transición: de la tinta al color

Oviedo representó una generación que vivió la edición en papel como oficio y la modernización como necesidad. Durante su gestión el diario pasó de la impresión en blanco y negro a color, un cambio que sus colegas calificaron de revolucionario en la redacción (Según La Nación, 24/4/2026). Se incorporan aquí cifras concretas que ayudan a dimensionar: dirigió el diario hasta 2001, hace 25 años desde 2026, y su paso por la redacción comenzó a finales de los años 50, por lo que su vínculo con la empresa se prolongó por varias décadas. La transición tecnológica que comandó no fue solo estética; implicó reorganizar procesos, formación de equipos y nuevas prioridades editoriales. Ese proceso explica, en parte, por qué muchos de sus discípulos recuerdan una redacción de puertas abiertas, y por qué su estilo de mando sigue siendo un referente en Mendoza.

¿Por qué importa su legado para el periodismo local?

Porque Oviedo fue, además de director, maestro: impartió formación en la ya extinta Escuela Superior de Periodismo y acompañó a generaciones que hoy ocupan medios locales y nacionales. Según el homenaje publicado, su producción incluyó poesía, novelas y colaboraciones en revistas y radios, y lo ubicó entre los miembros de la Academia Nacional de Periodismo (Según La Nación, 24/4/2026). Su biografía cifra datos que conviene recordar: nació el 18 de agosto de 1938 y, según la nota, trabajó en el mismo centenario matutino desde sus inicios hasta su jubilación en 2004; eso implica una continuidad de actividad profesional que supera las cinco décadas. Esa amplitud temporal —ingresó a fines de los años 50 y permaneció activo hasta 2004— permite comparar modelos de formación y entender por qué la pedagogía de redacción que transmitió sigue vigente en tiempos de flujos informativos y exceso de datos, la que él mismo denunció en sus últimas entrevistas.

Qué nos deja y qué pedimos: memoria, archivos y transparencia

El detalle que lo cambia todo es institucional: Oviedo dejó una huella personal y una documentación dispersa entre redacción, academia y publicaciones. Tenía tres hijos y seis nietos, y una vida marcada por la familia y la escritura (Según La Nación, 24/4/2026). Pero la memoria pública exige algo más que recuerdos: exige acceso verificable a archivos, procedencias y registros de decisiones editoriales. Nosotros valoramos su obra y, en coherencia con nuestra posición sobre cultura, exigimos transparencia pública sobre la procedencia, los préstamos y la conservación del archivo de Los Andes y de la Escuela Superior de Periodismo que lo formó. Pedimos inventarios, fechas de depósito, condiciones de conservación y responsabilidades de custodia para que la historia del periodismo mendocino no quede sujeta solo a anécdotas. Así se honra tanto la figura del maestro como la función pública del periodismo en la ciudad.