Una encuesta de la Universidad de San Andrés publicada el 11 de mayo de 2026 indica que más del 63% de los consultados está de acuerdo con que el país no haya dolarizado su economía; el mismo sondeo muestra que el 47% preferiría cobrar su salario en pesos y el 29% en dólares, todos datos atribuidos a la encuesta citada. Según los investigadores, ese respaldo se mantiene aun cuando a los encuestados se les presentaron explicaciones distintas sobre por qué no hubo dolarización: argumentos políticos, técnicos o referencias a la opinión pública. El resultado, para los autores, sugiere que la sociedad “internalizó” la inviabilidad o el bajo deseo social de dolarizar en este contexto y que la preferencia monetaria no responde solo a la oferta discursiva del Gobierno.
¿Por qué cambian las preferencias según la afinidad política?
La encuesta muestra diferencias claras por identidad electoral: entre votantes de Javier Milei, el 43% dijo preferir cobrar en dólares y el 32% en pesos; entre votantes de Sergio Massa, el 53% prefirió pesos y el 17% dólares (Universidad de San Andrés, 11/05/2026). Ese contraste confirma que la cuestión monetaria sigue cruzada por la política: la opción por el dólar está más difundida en votantes de derecha y en segmentos socioeconómicos altos, mientras que los votantes de los espacios peronistas y los sectores vulnerables muestran mayor inclinación por el peso, según el mismo estudio. Los investigadores también destacan que la exposición reputacional y narrativa del proyecto presidencial ha cambiado desde la campaña, lo que explica parte del desplazamiento en preferencias públicas.
¿Cómo impacta esto en la economía cotidiana?
El sondeo ayuda a explicar por qué la convivencia de monedas o las preferencias por cobros en pesos siguen siendo predominantes en amplios segmentos: muchos ingresos, programas sociales y cadenas de consumo siguen operando en moneda nacional, lo que hace práctica la demanda por pesos, según la encuesta. Además, el trabajo de campo registró que entre los jóvenes de 18 a 29 años la voluntad de cobrar en dólares es significativamente mayor que en franjas etarias superiores, un dato que los autores vinculan con experiencias de ahorro dolarizado y uso de instrumentos digitales, y con menor memoria de anclas institucionales en la moneda. Otra cifra del sondeo indica que entre quienes se identifican con la derecha el 51% opta por cobrar en dólares, lo que coincide con la mayor propensión a la dolarización en segmentos altos y medios-altos (Universidad de San Andrés, 11/05/2026).
Qué puede seguir y por qué conviene la cautela
Las conclusiones públicas tienen efectos políticos: el Gobierno y el oficialismo ya matizaron la idea de una dolarización plena —desde propuestas de “competencia de monedas” hasta afirmaciones de que “la gente no quiere dolarizar”— y la encuesta parece dar soporte social a ese giro, de acuerdo con la nota fuente. En lo práctico, el mercado cambiario ha mostrado intervención compradora del Banco Central, un factor que, según analistas citados en el propio informe, sostiene el tipo de cambio en el corto plazo; sin embargo, la encuesta sugiere que la aceptación social por no dolarizar reduce el riesgo inmediato de una decisión abrupta que afecte salarios y prestaciones. Mantenemos cautela: exigimos verificación de los métodos completos, el diseño experimental y los registros del sondeo antes de sacar conclusiones sobre su impacto político o institucional. Los datos publicados por la Universidad de San Andrés el 11/05/2026 marcan un punto de referencia, pero harán falta seguimientos y comparaciones temporales para medir si esta preferencia se mantiene frente a cambios macroeconómicos.