Se trata de esto: la verdadera frontera del liderazgo hoy no es tener información sino convertirla en acción —y esa conversación empezó a viralizarse cuando herramientas como ChatGPT alcanzaron 100 millones de usuarios activos mensuales en enero de 2023 (según Axios).
¿Por qué el conocimiento dejó de ser escaso?
Observamos que el cambio no es solo tecnológico: es histórico. Desde la imprenta de Gutenberg alrededor de 1440 (según Britannica) hasta la llegada de materiales educativos abiertos, la barrera de acceso se fue cayendo. Un punto de quiebre moderno fue el lanzamiento del MIT OpenCourseWare en 2001 (según MIT), que abrió cursos universitarios al público global. Esa trayectoria explica por qué hoy cualquiera puede aprender habilidades complejas desde un teléfono. Pero el detalle que lo cambia todo es la diferencia entre disponer de recursos y movilizarlos: los recursos se consumen, la adopción requiere disciplina, incentivos y liderazgo que transforme comportamiento.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
En Argentina la brecha de acceso se viene cerrando: según el Banco Mundial, la proporción de individuos que usan internet pasó de alrededor del 64% en 2010 al 82% en 2022 (comparación temporal, Banco Mundial). Eso no garantiza productividad automática: garantiza oportunidad. En mercados con alta inflación y volatilidad, donde las decisiones financieras importan (ver análisis previo sobre qué activo preservó mejor el capital), los líderes que combinan conocimiento digital con criterios claros de riesgo cambian resultados. Observamos que las organizaciones que siguen capacitando «a la vieja» —presentaciones y slides— no convierten ese acceso en ventaja competitiva; las que incorporan proyectos pilotos medibles y métricas trimestrales sí.
La cultura que importa: experimentación y humildad
En Silicon Valley se iguala la grandeza tecnológica con una cultura que premia el ensayo y error rápido. No se trata de romanticismo: hay números detrás de la filosofía. Por ejemplo, plataformas educativas gratuitas como MIT OpenCourseWare ofrecen más de 2.400 cursos (según MIT), lo que muestra la escala del material disponible; la pregunta es quién lo usa. La mentalidad diferencial involucra tres cosas concretas: tiempo asignado para experimentos (no solo cursos), incentivos vinculados a cambios de proceso y tolerancia institucional al fracaso rápido. Sin eso, la IA será un catálogo caro en lugar de un multiplicador de valor.
Qué pedir a los líderes y a las políticas públicas
Pedimos a los líderes empresariales y a los responsables de políticas públicas que no confundan disponibilidad con adopción. Las medidas prácticas son: 1) invertir en capacitación aplicada con indicadores de resultado, 2) definir protocolos de experimentación con límites temporales y presupuestarios, y 3) exigir transparencia en el uso de herramientas de IA para evitar asimetrías internas. Además, el Estado debe facilitar infraestructura y acreditación: no basta que el 82% de la población tenga acceso a internet (Banco Mundial), hace falta formación certificable y apoyos para emprendedores locales. La ventaja competitiva de la era digital será de quienes se animen a transformar comportamientos, no solo de quienes acumulan cursos.
Cerramos con un recordatorio: la tecnología nos da palancas; lo que define resultados es la voluntad colectiva para apretar la palanca y cambiar procesos. En ese sentido, el liderazgo moderno es menos una aptitud técnica y más una disciplina cultural.
Camila Goldberg