En Mendoza más del 10% de los productores ya inició la reconversión de viñedos hacia pistacho, cereza, pasturas o ganadería, según datos aportados a LA NACION por el Ministerio de la Producción de Mendoza. Ese número resume un proceso real: productores que erradican varietales criollos, buscan premium como Malbec o salen de la vitivinicultura para entrar en frutos secos o carne.
¿Qué está pasando en Mendoza?
Vemos una combinación de causas estructurales y coyunturales. Por un lado, la demanda internacional de vino se orienta cada vez más a calidad y moderación; por el otro, los precios pagados por la uva cayeron y las condiciones de financiamiento son limitadas. De acuerdo con el Ministerio de la Producción de Mendoza, la provincia reportó 2 millones de quintales menos que el año pasado en alguna referencia al volumen, y la zona Este perdió superficie que se concentra hoy en las 46.000 hectáreas del Valle de Uco (datos aportados a LA NACION por el Ministerio). En paralelo, la plantación de frutos secos se triplicó en tres años, lo que explica que pistacho, almendra y nogal ganen terreno. También pesan los eventos climáticos: heladas y granizos que aumentan costos de seguro y expulsan productores del Registro Único de Tierra cuando hay siniestros seguidos.
¿Cómo impacta esto en el productor y en tu bolsillo?
Para el productor chico y mediano la decisión es práctica: conservar margen o salir del negocio. El cambio a pistacho o cereza implica inversiones iniciales distintas a las de la vid (malla antigranizo, riego por pivote, sistemas de cosecha), pero ofrece contratos exportables y precios en dólares; el Ministerio destaca proyectos de pasturas con 700 hectáreas y 20 pivotes de riego como ejemplo de viabilidad. Hay alternativas concretas: la asociación “Tomate 2000” reúne más de 4.000 hectáreas con contratos de salsa para exportación, y la empresa Simplot señaló la necesidad de 2.000 hectáreas adicionales, según la cobertura citada por LA NACION. Traducido para el bolsillo: la reconversión puede mejorar ingresos si hay mercados firmes y contratos claros, pero sin financiamiento y seguros adecuados muchos productores perderán capital humano y tierras.
¿Qué debería hacer la política pública?
Apoyamos mayor transparencia en la administración de instrumentos que afectan la oferta exportable y mecanismos de apoyo focalizados para pymes rurales. En la práctica esto implica: 1) líneas de crédito de mediano plazo indexadas a la exportación o en moneda extranjera para inversiones de reconversión; 2) subsidios temporales para malla antigranizo y mejora de sistemas de riego; 3) seguros agrarios que no excluyan del RUT por sucesos climáticos consecutivos y que compartan riesgo público-privado; 4) promoción comercial para posicionar cereza y pistacho en mercados de EE.UU. y la UE. Estas propuestas se alinean con nuestra postura de apoyar búsqueda responsable de financiamiento y mayor transparencia en comercio exterior, condicionadas a una ancla macro creíble y protecciones para pymes y consumidores. Sin esas garantías macro y marcos claros, la reconversión será desordenada y dejará a muchos productores vulnerables.
En números: más del 10% de reconversión, 2 millones de quintales menos vs. el año pasado y proyectos como 700 hectáreas con 20 pivotes muestran que la transformación es real pero exige reglas claras y políticas focales para que el cambio beneficie al productor y no solamente a nuevos inversores.