Luis Puenzo murió en la ciudad de Buenos Aires a los 80 años, según confirmó Argentores el 21 de abril de 2026 (Argentores; Según La Nación). Fue el director de La historia oficial, estrenada en 1985, que obtuvo el Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1986, hito que colocó al cine argentino en un escenario internacional. Su carrera incluye títulos como Gringo viejo (1989) y La peste (1992), y una participación activa en la política audiovisual nacional.
¿Qué dejó para el cine argentino?
El detalle que lo cambia todo: una película sobre apropiaciones de menores que se convirtió en símbolo de la memoria colectiva. La historia oficial ganó el Oscar en 1986, siendo la primera película argentina en lograr esa estatuilla (Según La Nación). Puenzo también fue coautor, junto a Aída Bortnik, de un guion nominado al Oscar, y la obra recibió premios en Cannes y un Globo de Oro, lo que abrió mercados para equipos y talentos locales. Su involucramiento en la redacción de la ley de cine —ley Nº 24.377/94— marcó un antes y un después en el financiamiento estatal al cine argentino: la norma estableció la autarquía del INCAA (Según La Nación). Si se mira en cifras, entre el estreno de la película en 1985 y este 2026 pasan 41 años que muestran cómo una obra puede seguir siendo punto de discusión cultural y política.
Su paso por el INCAA: ¿qué generó polémica?
Puenzo presidió el INCAA entre fines de 2019 y abril de 2022, periodo de poco más de dos años y medio en el que la institución fue foco de reclamos (Según La Nación). La nota pública recuerda que su salida respondió a protestas de empleados y actores que reprochaban, entre otras cosas, la falta de liderazgo en la defensa de las políticas de fomento y el riesgo de perder la autarquía que la ley 24.377/94 había consagrado en 1994 (Según La Nación). No es un dato menor en tiempos en que la sustentabilidad de fondos culturales aparece amenazada por decisiones administrativas: pedimos que cualquier juicio sobre su gestión se base en datos abiertos —contratos, actas internas y balances— y no en la percepción o en la performatividad mediática. Exigimos, como postura editorial, transparencia pública sobre montos y criterios de asignación para evitar que la cultura quede a merced de negociaciones opacas.
¿Qué nos dice esto sobre la cultura y la memoria?
Hay algo de inevitabilidad: una obra sobre el trauma nacional termina señalando también las fragilidades de la institución cultural que la cobijó. Puenzo hizo de la memoria temática y, en algún punto, administrativa: la película de 1985 sigue siendo debatida en aulas, festivales y foros online. Cuarenta años después del Oscar (1986 vs. 2026) la discusión ya no es sólo estética, sino de políticas públicas que sostengan archivos, salarios y redes de exhibición. La creación de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas en 2004, de la que fue miembro fundador (Según La Nación), es otra pieza en ese ecosistema que pide ser preservado con datos y mecanismos claros.
Cómo recordarlo y qué exigir ahora
Recordar a Puenzo no puede ser solo evocación personal: implica exigir que las instituciones rindan cuentas. Pedimos que el INCAA y todos los entes vinculados publiquen inventarios, convenios y ejecución presupuestaria históricas con acceso público y formatos reproducibles. No se trata de señalar a un hombre ya fallecido, sino de honrar la memoria colectiva que su obra ayudó a construir mediante transparencia. En términos concretos: que se publiquen las actas de gestión entre 2019 y 2022, los criterios de adjudicación de fondos y los reportes sobre continuidad de programas, para que la discusión sea técnica y verificable. Solo así la cultura puede ser patrimonio y política pública, no una reliquia de elogios retóricos.
Luis Puenzo deja una filmografía y una marca en la legislación audiovisual argentina. Honrar eso exige defender tanto la memoria que contó como la claridad institucional que la sostiene. Camila Goldberg