Murió en la ciudad de Buenos Aires a los 78 años el profesor y licenciado en Artes Miguel Ángel Muñoz, nacido el 23 de diciembre de 1947, según informó LA NACIÓN el 16 de mayo de 2026. Fue referente en la enseñanza del arte argentino y latinoamericano, con trayectoria en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en la Universidad del Salvador y en la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes.
¿Quién fue Miguel Ángel Muñoz?
Muñoz fue docente en la cátedra de Historia del Arte Americano II en la carrera de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y profesor emérito en la Facultad de Historia, Geografía y Turismo de la Universidad del Salvador (LA NACIÓN, 16/5/2026). Se incorporó al equipo de docentes de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes en 1998, lo que implica una continuidad de 28 años hasta 2026 (LA NACIÓN, 16/5/2026). Esa permanencia explica por qué muchas generaciones lo recuerdan: 28 años en una misma institución cultural representan más de dos décadas de influencia directa en la formación de públicos. En tiempos en que la docencia universitaria y extracurricular cambia con rapidez, su figura aparece como un ancla: alguien que fue a la vez académico y popularizador.
¿Por qué importaba su enseñanza?
Lo que nadie cuenta es que Muñoz se movía con la facilidad de quien sabe traducir la historia del arte para el público: montaba clases con imágenes y música, convertía una sala en época, y proponía lecturas que no parecían lecciones. La Asociación de Amigos del Bellas Artes dijo que “acompañó y formó a miles de personas” y destacó su claridad y generosidad (LA NACIÓN, 16/5/2026), lo que deja un dato elogioso sobre su alcance pedagógico. Además, su participación en la serie “Una obra, una mirada” para el canal Barroco Artes de la UBA lo puso en contacto con audiencias digitales, algo relevante en una era en la que la enseñanza se desplaza también a plataformas online. Esa combinación —rigor académico más formas accesibles— explica por qué su pérdida fue sentida tanto en ámbitos formales como en públicos no universitarios.
El legado y lo que queda por hacer
El detalle que lo cambia todo: Muñoz trabajó dentro y fuera de las aulas, pero gran parte de esa labor vive en formatos dispersos —clases presenciales, talleres, episodios en YouTube—, y hoy más que nunca pedimos que esos materiales sean preservados y accesibles. Defendemos la transparencia y el acceso abierto a la documentación histórica y educativa de las instituciones culturales; no se trata solo de homenajear, sino de permitir que futuros estudiantes y ciudadanos consulten, reutilicen y contrasten ese patrimonio. Su muerte también abre una discusión más amplia: ¿cómo conservamos las voces docentes en archivos públicos y cómo garantizamos que la enseñanza de arte no se convierta en memoria privada? Pedimos, en suma, políticas de preservación y datos abiertos en los archivos culturales que permitan medir alcance y acceso, como exigimos en otras áreas culturales y científicas donde la documentación pública es clave para la democracia.
La comunidad académica y las instituciones ya empezaron a despedirlo en redes y comunicados, y su legado seguirá en las aulas y en las grabaciones que queden disponibles. Que su forma de enseñar —cercana, didáctica, apasionada— inspire no solo recuerdos sino también decisiones concretas sobre conservación y acceso público.