El newcom se practica en la Argentina por alrededor de 100.000 personas, según Gustavo Rasgido, responsable de la Secretaría Nacional de Newcom dentro de la FeVA.
¿Por qué funciona para adultos mayores?
Vemos en el newcom una adaptación técnica que reduce el impacto físico sin eliminar la demanda motora y cognitiva. La regla central es atrapar y pasar la pelota en vez de golpearla, con un máximo de tres toques por equipo y un paso de pivote permitido, lo que facilita la incorporación de personas con baja experiencia deportiva, según La Nacion. Las dimensiones del campo son las mismas que en el vóley, 18x9 metros, y la altura de la red se ajusta por categoría, rondando 2,43 metros para varones y mixto y 2,24 metros para mujeres, dato también consignado por La Nacion. Esa combinación exige estabilidad postural, coordinación mano-ojo y toma de decisiones bajo presión, elementos con potencial para mejorar equilibrio y funciones ejecutivas. Además, la OMS recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada para adultos mayores, un umbral que estas prácticas pueden ayudar a alcanzar cuando son regulares.
¿Cómo impacta esto en la comunidad y en la salud pública?
El newcom no es solo ejercicio; es tejido social. En Rawson, una ciudad que La Nacion describe con 60.000 habitantes, se formó una Liga Newcom con ocho equipos de entre 30 y 40 participantes por equipo, y equipos pioneros como Toninas Newcom superaron los 50 integrantes, lo que muestra penetración local significativa. El deporte fue incorporado por el Estado en 2008 a través de los Juegos Nacionales Evita y, según relatos de dirigentes, creció de manera paulatina hasta 2014 y se aceleró durante la pandemia de 2020 cuando entrenadores y técnicos se profesionalizaron por Zoom. Ese recorrido convierte la práctica en una herramienta interesante para políticas de envejecimiento activo: reduce la soledad, genera redes de apoyo y devuelve un lugar público a la adultez mayor. Sin embargo, para transformarlo en política hay que medir resultados concretos: cuántos participantes reducen eventos de caídas, cuánto mejora la marcha o la fuerza y cuánto se ahorra en atención por fragilidad.
Qué desafíos quedan
La institucionalización dentro de la FeVA ha profesionalizado reglas y torneos, pero también obliga a un debate técnico y sanitario. Pedimos transparencia en protocolos de entrenamiento, en criterios de inclusión por capacidad funcional y en la recolección de datos sobre resultados clínicos. Si el objetivo es integrar la actividad en centros de salud y programas municipales, hace falta registrar indicadores como tasa de caídas antes y después de la intervención, pruebas de equilibrio y fuerza, adhesión semanal al ejercicio y medidas de calidad de vida. También hace falta formación específica para entrenadores en geriatría y rehabilitación. Vemos una oportunidad real: convertir una práctica popular y de bajo costo en una estrategia de prevención basada en evidencia, pero para eso hacen falta números, protocolos públicos y evaluación longitudinal.