Se trata de una escasez esperable y, a la vez, irritante: el Mundial 2026 tendrá 48 selecciones, lo que aumenta sustancialmente la cantidad de figuritas necesarias y la competencia por ellas (según FIFA). Esta nota analiza por qué las góndolas se vacían, qué papel juega la concentración productiva y qué datos debería reclamar la sociedad para que la situación no derive en un mercado opaco. Vemos el fenómeno con las lentes del outsider cultural y la economía básica: demanda intensa, oferta rígida y, sobre todo, ausencia de información pública sobre tiradas y logística.
¿Por qué faltan las figuritas?
La explicación mezcla psicología de consumo, límites técnicos y estructura del mercado. La demanda es claramente transitoria y de altísima intensidad: millones de chicos y coleccionistas concentran su compra en pocas semanas y fomentan la expectativa por la “figurita difícil”, un motor emocional que puede aumentar las compras repetidas (esa ansiedad que aconsejó dosificar paquetes en la charla citada por La Nación). Por el lado técnico, la producción requiere impresión, corte y distribución coordinada; no es tan ágil como hacer facturas en una panadería. Además, la industria está concentrada: Panini es el productor histórico con más de 60 años en el negocio (según La Nación), lo que reduce la entrada de oferentes y hace que cualquier error de timing se traduzca en faltante.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
El impacto local combina importaciones, logística y comportamientos de reventa. El salto de 32 a 48 equipos implica un aumento del 50% en el universo de figuritas necesarias respecto de los últimos torneos con 32 selecciones (según FIFA), y esa ampliación no siempre viene acompañada por más producción para cada mercado. Cuando la oferta no se sincroniza con la demanda surgen dos efectos observables: escasez puntual en puntos de venta y crecimiento de mercados secundarios donde el precio y la disponibilidad quedan en manos de revendedores. Además, la exclusividad contractual influye: La Nación informó que el acuerdo con Panini cambiará hacia Fanatics y que los contratos vigentes se extienden hasta 2031 (según La Nación), lo que modifica incentivos para producir localmente o permitir licencias. Sin datos públicos sobre tiradas por país y cronogramas, es difícil medir cuánto del desabastecimiento es logístico y cuánto responde a estrategias comerciales.
¿Qué puede y debería pedir el Estado (y qué pueden hacer los coleccionistas)?
Lo que nadie cuenta es que la solución pasa por información, no por prohibiciones. El Estado puede exigir transparencia mínima: tiradas impresas por país, cronograma de envíos a mayoristas, clausulas de exclusividad y condiciones de importación. Con esos datos se podría comparar oferta y demanda y detectar desvíos o prácticas anticompetitivas. Para los coleccionistas y comercios, campañas de denuncia pública y reportes sistematizados de faltantes ayudarían a trazar mapas de escasez; para los reguladores, un requerimiento de informes simples (número de paquetes enviados semanalmente, por ejemplo) permitiría evaluar si hay cuellos de botella. Nuestra postura es coherente con la demanda previa: exigimos transparencia y datos abiertos relacionados con el Mundial 2026 para evaluar contratos y uso de recursos públicos (posicion editorial, 16/5/2026).
En resumen: la falta de figuritas es el cruce entre una demanda concentrada por un bien emocional y una oferta concentrada en unos pocos operadores sin suficiente rendición pública de cuentas. Pedir números es pedir que el juego siga siendo fiesta y no negocio opaco; no es romantizar el coleccionismo, es defender información pública para que la economía de la pasión no termine siendo una máquina de frustraciones.