El Mundial 2026 tendrá 104 partidos y será, según LA NACION, el torneo más televisado y extenso de la historia: comenzará el 11 de junio y terminará el 19 de julio, con apenas tres días sin competencia en un calendario de 39 días.

¿Quién podrá ver todos los partidos desde Argentina?

La respuesta práctica es: casi nadie de forma gratuita. DSports tiene los derechos exclusivos de los 104 partidos y, según LA NACION, distribuirá la cobertura en DSports, DSports2 y DSports+. Además, a partir de junio esa señal podrá verse también vía Paramount+ en los principales proveedores de cable. Telefe aseguró 32 partidos en vivo, entre ellos el inaugural y los de la selección argentina; ESPN ofrecerá 30 partidos a través del plan premium de Disney+; y la TV Pública retransmitirá 10 encuentros, incluidos los de la selección, replicando la transmisión de DSports (LA NACION). Estas cifras muestran una fragmentación clara: 104 partidos totales versus 64 en Qatar 2022, es decir 40 partidos más (LA NACION).

¿Cómo impacta esto en las audiencias y en la TV abierta?

El mapa de la audiencia se vuelve híbrido: señales lineales, pagas y plataformas de streaming competirán por la atención del público. En los últimos amistosos locales, Telefe promedió 27 puntos de rating, con picos de 30 (LA NACION); la final de Qatar 2022 alcanzó picos de 63 puntos entre TV Pública y TyC Sports, y la final mundialista de 2022 llegó a 1.420 millones de espectadores a nivel global (LA NACION). La cifra de 5.000 millones de hinchas que interactuaron con el Mundial de Qatar entre todas las plataformas también se cita como antecedente (LA NACION). Es decir: hay demanda masiva, pero el acceso dependerá cada vez más de suscripciones y acuerdos comerciales, no solo de pantallas abiertas. Para los hogares argentinos esto puede traducirse en mayor fragmentación de la experiencia y en decisiones de gasto para quienes quieran seguir todos los partidos.

Lo que nadie cuenta: costos, contratos y datos que deberían ser públicos

La TV Pública dice que divulgará los montos de derechos, los costos de producción y la recaudación publicitaria después del torneo (LA NACION). Vemos un problema de principio: si la pantalla estatal usa recursos públicos para retransmitir, esos números deberían estar disponibles antes o durante el evento para que la ciudadanía evalúe priorizaciones. Según la nota, la dotación enviada por la TV Pública será de entre 12 y 15 profesionales, muy por debajo de las ~50 personas enviadas a Qatar 2022 (LA NACION). También se menciona que lo invertido en derechos se pagará con acuerdos publicitarios. Esa combinación —acceso restringido a señales privadas y financiamiento público con cláusulas opacas— exige transparencia: contratos completos, montos pagados, costos de producción desagregados y lo efectivamente recaudado en publicidad. Sin esos datos abiertos no hay forma de medir eficiencia ni equidad.

Cierre: qué pedimos y qué puede cambiar para el hincha

El Mundial será una fiesta de fútbol, pero también un laboratorio de modelos de acceso. Pedimos tres medidas concretas: 1) publicación inmediata y en formato abierto de los contratos y montos relativos a derechos y producción cuando intervenga la pantalla pública; 2) balances desagregados de lo recaudado por publicidad vinculada a la retransmisión; 3) un informe comparativo post-torneo que detalle por partido cuántos espectadores alcanzó cada plataforma (lineal y streaming). El torneo va del 11 de junio al 19 de julio y tendrá 104 partidos; esos son los hechos. Lo que falta es que la información pública esté en condiciones de explicar cómo se gasta y quién accede. Si no lo vemos, nadie podrá evaluar si la ecuación entre gasto público y acceso ciudadano fue justa.

Camila Goldberg