Después de que el INDEC reportara una inflación de 2,6% en abril (tras el 3,4% de marzo), la tercera semana de mayo trajo una señal de alerta: según la consultora LCG, los precios de Alimentos y Bebidas aumentaron 2,6% intersemanal, con carnes subiendo 4,5% y verduras 7,7% (informe LCG, 24/05/2026). Ese rebote pone en duda que mayo cierre por debajo del 3% mensual y corta la lectura optimista que dominaba a comienzos de mes.

¿Qué ocurrió y por qué importa?

LCG detectó un cambio brusco en la tercera semana de mayo: Alimentos y Bebidas +2,6% respecto de la semana previa, luego de dos semanas de variación nula o negativa (LCG, 24/05/2026). En detalle, las carnes aportaron 1,39 puntos porcentuales al índice semanal y las verduras 0,62 puntos, más de la mitad del salto total. El informe también señaló que el 16% de los productos relevados mostraron aumentos esa semana.

La razón por la que esto importa es simple: alimentos tiene un peso alto en el IPC y fue uno de los factores que explicaron la moderación de abril, cuando según el INDEC ese capítulo subió apenas 1,5% (INDEC, abril 2026). Un rebote en alimentos complica la meta implícita de sostener una inflación mensual por debajo del 3% porque concentra el gasto cotidiano de los hogares.

¿Cómo impacta esto en el bolsillo y en los comercios?

Para tu bolsillo, un salto semanal de esa magnitud en alimentos se traduce en menores márgenes reales del salario: si la canasta alimentaria sube más rápido que el salario, el poder de compra se erosiona. En números: la inflación general fue 2,6% en abril (INDEC) y LCG reporta una media móvil de las últimas cuatro semanas de 2,7%, sin cambios respecto del período anterior (LCG). Eso sugiere que la desaceleración aún no está consolidada.

Desde el lente del comerciante —mi viejo lo diría con menos tecnicismos— la volatilidad en carnes y verduras presiona la rotación de stock y complica la planificación de compras. Los mayoristas y carnicerías enfrentan costos que se mueven semana a semana; si sumamos un mayorista con aumento del combustible (inflación mayorista abril +5,2% según INDEC) los costos de logística se transmiten rápidamente al mostrador.

¿Se puede confiar en que la desaceleración continúe?

No hay garantía. A comienzos de mayo varias consultoras proyectaban una segunda desaceleración; Eco Go había estimado 2,2% para el mes (ronda de proyecciones, mayo 2026). Pero las señales contradictorias (mayorista +5,2% en abril por petróleo y combustibles, según INDEC, y el rebote semanal de alimentos de LCG) indican que la mejora puede ser frágil y sensible a choques externos o a estacionalidades en el sector agroalimentario.

Además, la política de no intervenir precios en respuesta a choques internacionales —según declaraciones públicas del presidente y del ministro de Economía tras el salto de la inflación mayorista— deja la carga del ajuste en precios relativos y en la cadena de comercialización. En un contexto así, necesitamos más series de alta frecuencia y una lectura prudente de los promedios mensuales hasta que INDEC publique el dato de mayo.

Qué debería pasar: transparencia y medidas de corto plazo

Primero, exigimos datos y transparencia: los relevamientos semanales como el de LCG son útiles, pero deben complementarse con metodologías claras y acceso público para que comerciantes y consumidores tomen decisiones informadas. Segundo, medidas focales: sostener programas de asistencia alimentaria temporales y facilitar líneas de crédito blandas a pequeños abastecedores para evitar cierres o ventas forzadas.

Tercero, monitoreo de costos logísticos y combustibles (INDEC mostró el golpe mayorista) para identificar dónde se concentra la presión y actuar sobre cuellos de botella, sin caer en recetas mágicas. Por último, mantener coherencia con nuestras posiciones previas: transparencia en los datos, protección a pymes y a jubilados y una ancla macro creíble son condiciones necesarias para que cualquier desaceleración sea sostenida.

En números: la advertencia de LCG (2,6% semanal en alimentos) y el 5,2% mayorista de abril (INDEC) son razones suficientes para no cantar victoria sobre mayo. Seguimos mirando los datos, explicándolos y pensando en medidas que atenúen el impacto en el bolsillo y en la cadena comercial.