El temporal extratropical que azotó la costa bonaerense dejó una postal concreta: más de 2.000 metros de la rambla de madera de Monte Hermoso fueron barridos por el mar y la estructura avanzó hasta 150 metros hacia las calles, según el municipio (LA NACION, 9/5/2026). El episodio combinó vientos fuertes, olas excepcionales y una segunda pleamar que complicó la situación y provocó el cierre de paseos costeros en varias localidades.

¿Qué pasó y por qué?

Vemos un fenómeno que no fue inesperado pero sí excepcional en intensidad. El Servicio Meteorológico Nacional emitió alertas amarilla y naranja antes del evento (SMN), y LA NACION consignó ráfagas cercanas a 100 km/h y olas de entre 7 y 8 metros en el frente atlántico afectado (LA NACION, 9/5/2026). El episodio se extendió con vientos continuos durante casi 48 horas, lo que multiplicó el efecto erosivo sobre pasarelas y estructuras de madera. Además, el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) explicó que la espuma abundante vista en Quequén responde a la agitación de microalgas y materia orgánica que actúan como tensioactivos (INIDEP). En síntesis: la confluencia de pleamar, viento sostenido y olas potentes produjo daños sobre infraestructura que no resiste el embate prolongado.

¿A quién afecta y cómo nos organizamos?

El impacto es doble: público y privado. En Monte Hermoso la rambla reconstruida esta temporada quedó arrasada a pocos meses de su reapertura —la pérdida de más de 2.000 m y el retroceso de hasta 150 m se reflejan en la franja costera (LA NACION). En Necochea y Quequén hubo caída de estructuras y fuerte erosión en acantilados; en Mar del Plata se registraron roturas en escolleras y daños parciales en paseos (LA NACION). No hubo evacuados ni lesionados graves, pero sí locales gastronómicos y puestos de temporada afectados fuera de la temporada alta, lo que complica ingresos ya reducidos. Desde la lente de género, las costaneras inseguras y los cortes nocturnos impactan de forma diferencial: mujeres y personas que trabajan de noche dependen de accesos iluminados y transporte seguro. La respuesta local incluyó Defensa Civil, bomberos y cooperativas eléctricas, pero los vecinos reclaman cifras claras sobre costos y plazos de reparación.

¿Qué se hace ahora y qué hace falta realmente?

Lo inmediato es gestión de riesgo: mantener cerrados los paseos costeros, señalizar peligros y remover escombros para evitar accidentes. El municipio anticipó “pérdidas totales y millonarias” pero no aportó un desglose con montos ni responsables (LA NACION). A mediano plazo hacen falta obras estructurales: refuerzo de escolleras, recuperación de playas (relleno y restauración de dunas) y estudios de vulnerabilidad costera que consideren la recurrencia de pleamares y sudestadas. Apoyamos la inversión en mitigación, como ya planteamos en notas previas sobre clima e infraestructura, pero exigimos total transparencia: presupuesto, tramos, contratistas, plazos y evaluación pública de impacto ambiental y social antes y después de ejecutar obras. Sin esa información, la reparación puede repetir errores.

Si vas a salir: consultá las alertas del SMN y las comunicaciones municipales; evitá acercarte a escolleras y paseos cortados. Lo que se sabe hasta ahora: daños materiales importantes en Monte Hermoso, Necochea y sectores del sur de Mar del Plata; sin heridos reportados y respuesta de emergencias en marcha (LA NACION, SMN, INIDEP). Para reclamar o informarse, contactá Defensa Civil local y el municipio. Actualizaremos la nota cuando haya cifras oficiales de pérdidas y planes de reconstrucción.

Luciana Bianco