El Padre Guilherme, sacerdote que actúa como DJ, dará un show gratuito en Plaza de Mayo el sábado 18 de abril de 2026 a las 20:00, en un evento que los organizadores presentan como homenaje al papa Francisco y que, según LA NACION, tiene el apoyo del gobierno de la ciudad y del Arzobispado porteño.
¿Qué es este homenaje y quién lo organiza?
La propuesta, llamada “Todos, todos, todos”, parte de Miserando, una ONG que trabaja en barrios vulnerables, y busca combinar música electrónica con mensajes religiosos vinculados al papa Francisco. El anuncio oficial destaca que será abierto, libre y gratuito, sin inscripción previa (fuente: LA NACION). El papa Francisco falleció el 21 de abril de 2025, y el evento se celebra en la semana del primer aniversario, según la misma cobertura. Elegir Plaza de Mayo frente a la Catedral tiene un significado simbólico: no es sólo un escenario musical, sino un lugar de memoria y de expresión pública en la ciudad. Para dimensionar: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene alrededor de 3.075.646 habitantes según el Censo Nacional 2022 (INDEC), lo que convierte a la plaza en un espacio capaz de hablar a audiencias muy diversas.
¿Qué implica usar Plaza de Mayo para una rave religiosa?
Plaza de Mayo no es un teatro: es un espacio público con reglas, responsabilidades y memoria. Que un evento sea “libre y gratuito” no exonera a los organizadores ni al Estado de informar quién cubre el operativo de seguridad, la limpieza, el sonido y el vallado. Los organizadores afirman contar con apoyos públicos y privados, pero la pauta mínima debe ser pública: contratos, permiso de uso del espacio y montos comprometidos. Además, cuando un acto mezcla fe y cultura masiva conviene saber si habrá accesos diferenciados, restricciones, o algún tipo de exclusión encubierta. Argentina tiene 45.808.747 habitantes según el Censo 2022 (INDEC); eventos en la CABA impactan a residentes, comerciantes y visitantes por razones logísticas y económicas.
¿Por qué importa que la religión cruce la cultura pop?
Que la religión se acerque a formatos contemporáneos no es nuevo: la historia muestra distintas formas de evangelización según la época. Lo llamativo aquí es la estética techno y el recurso a la figura del DJ-sacerdote, que desplaza la liturgia al espacio público laico. Vemos una apuesta efectiva para convocar a sectores alejados de la iglesia tradicional. También es un gesto simbólico en torno al mensaje del papa Francisco sobre la periferia y la gente. Sin embargo, la legitimidad cultural no sustituye la necesidad de transparencia: si el Estado participa financiando o gestionando el evento, la ciudadanía tiene derecho a saber cómo y por qué se destina recursos a conmemorar a una figura religiosa en un espacio público.
Lo que pedimos: memoria, transparencia y respeto por el espacio común
Valoramos la creatividad y la capacidad de la cultura popular para conmover y convocar. Al mismo tiempo, desde esta columna exigimos tres cosas mínimas: 1) que se publiquen los permisos y las contrataciones relacionadas con el uso de Plaza de Mayo; 2) que se detalle si hubo aportes públicos y sus montos; y 3) que el homenaje respete la pluralidad del espacio público y la memoria colectiva. Pedimos esos datos porque, en democracia, la mezcla de fe y espectáculo público debe ir acompañada de rendición de cuentas. No se trata de prohibir una noche de música, sino de garantizar que lo común permanezca común y que la celebración no borre otras memorias ni obligaciones públicas.