El 12 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Enfermería, instaurado por el Consejo Internacional de Enfermeras (ICN) en 1974 en homenaje al nacimiento de Florence Nightingale en 1820, cuya figura combina práctica clínica y estadística (fuente: La Nación; ICN). Este primer párrafo resume la noticia: una efeméride que celebra una profesión y, al mismo tiempo, revela cuánto depende la salud pública de algo que sigue mal medido.

¿Por qué importa recordar a Florence Nightingale hoy?

Nightingale no fue solo una figura romántica: estudió matemáticas, usó estadísticas para mejorar la higiene hospitalaria y fundó escuelas de enfermería. Que su cumpleaños —12 de mayo de 1820— se haya convertido en un día internacional desde 1974 lo dice todo: llevamos 52 años de conmemoraciones formales y 206 desde su nacimiento (fuente: ICN; La Nación). Lo que nadie cuenta es que la memoria simbólica no sustituye a la información: celebrar sin medir es gratis; planificar no lo es. La efeméride debe servir para pedir cuentas sobre cómo se organizan los cuidados, quién los presta y con qué recursos.

La foto global: números que pesan

Las cifras globales ponen el contraste en primer plano. Según la Organización Mundial de la Salud, hay 27,9 millones de enfermeras en el mundo y una escasez estimada de 5,9 millones, una brecha que afecta a regiones enteras y condiciona la capacidad de respuesta sanitaria (OMS, “State of the World’s Nursing 2020”). Además, la profesión sigue siendo mayoritariamente femenina: alrededor del 90% del personal de enfermería son mujeres (OMS). Esos números obligan a preguntarnos por la planificación: no solo faltan manos, también sobran desigualdades de género y distribución. Celebrar el 12 de mayo sin discutir estas cifras equivale a encender una vela sin revisar la caja de fusibles.

¿Y en la Argentina qué vemos?

En el país la conversación suele moverse entre testimonios comprometidos y estadísticas parciales: hay relevamientos provinciales y registros de hospitales, pero falta una base nacional, abierta y comparable. Reclamamos datos desagregados por provincia, por tipo de institución, por jornada y por categoría: sin esas series públicas no es posible calcular ratios por paciente, estimar la necesidad de formación ni diseñar incentivos salariales. La ausencia de una sistematización única impide comparar la realidad local con los 27,9 millones y la brecha mundial de 5,9 millones citada por la OMS; el contraste global debería traducirse en metas locales y plazos claros (OMS).

Qué pedimos y por qué la transparencia no es un gesto

Exigimos publicar datos abiertos sobre planteles de enfermería, ausentismo, contratos y salarios desagregados por distrito y establecimiento, con actualización periódica y formatos reutilizables. Pedimos que esos registros incluyan series anuales para comparar vs. año anterior y evaluar tendencias; sin una línea temporal pública no hay forma de medir el impacto de políticas ni de la postpandemia. Nuestra postura es consistente con otras demandas de este medio: transparencia y datos abiertos para evaluar eficacia y focalizar recursos. Celebrar el día de la enfermería tiene sentido si, además de flores y discursos, se traduce en información pública que permite planificar y proteger a quienes cuidan.