California registró 2.150 casos de tuberculosis en 2025, el nivel más alto en 12 años, según un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). La tasa estatal fue de 5,4 por cada 100.000 habitantes, superior al promedio nacional de 3 por 100.000, y los CDC señalan un aumento en la frecuencia y tamaño de los brotes.
¿Qué dicen los datos?
Los números centrales provienen del informe de los CDC citado por La Nación: 2.150 casos en California durante 2025 y una tasa de 5,4 por 100.000 habitantes, contra 3 por 100.000 a nivel nacional. Ese contraste sitúa a California con una incidencia sustancialmente mayor que el resto del país. Además, los CDC documentan que los episodios grandes (con 10 o más infecciones activas) pasaron de 24 entre 2014-2016 a 50 entre 2017-2023, lo que muestra un patrón de brotes más frecuentes y más extensos en la última década.
Para ubicarse: el informe usa datos de vigilancia habitual y ejemplos locales, y no atribuye un único detonante. Los CDC concentran la atención en dónde ocurren los contagios y en qué poblaciones aparecen más casos.
¿Por qué vuelve a preocupar una enfermedad ‘antigua’?
Vemos que la tuberculosis no es solo historia clínica: reaparece ligada a factores sociales. Según el reporte y declaraciones recopiladas por SFGATE, los afectados con mayor frecuencia presentan consumo problemático de sustancias, falta de vivienda, antecedentes penales y desnutrición. Esos factores dificultan el acceso a la atención, la detección y el tratamiento oportuno, lo que facilita que las infecciones latentes se reactiven y que la transmisión continúe.
Los datos muestran además que cerca de dos tercios de los brotes se originaron dentro de entornos familiares o redes sociales (aproximadamente 66%, según el informe de los CDC). El Departamento de Salud Pública de California (CDPH) reportó que alrededor del 13% de los pacientes con tuberculosis fallecieron en 2023, lo que subraya la gravedad potencial en poblaciones vulnerables. La transmisión aérea, característica de la enfermedad, favorece la propagación en espacios cerrados y colectivos, de acuerdo con Mayo Clinic.
¿Qué ocurre en la práctica? Un ejemplo que explica el riesgo
Un caso concreto ayuda a entender la dinámica: en la escuela secundaria privada Archbishop Riordan, en San Francisco, un caso activo detectado en noviembre de 2025 derivó en al menos tres infecciones activas y más de 200 infecciones latentes, según informó SFGATE. Ese episodio ilustra cómo un único foco en un entorno colectivo puede generar una cadena de contagios latentes que requieren seguimiento prolongado.
La distinción entre infección latente y activa es clave: la latente no transmite y no presenta síntomas, pero puede activarse; la activa sí transmite y produce signos como tos persistente por más de tres semanas, sangre en esputo, fiebre y pérdida de peso (Mayo Clinic). Por eso la búsqueda activa de contactos y el tratamiento de la infección latente son herramientas centrales para cortar la transmisión.
¿Cómo nos importa esto desde Argentina y qué debería hacer el sistema de salud?
Para Argentina, el riesgo inmediato de un brote importado masivo es bajo: la tuberculosis exige contacto prolongado para transmisión efectiva, y no hay reportes de exportación del brote californiano. Aun así, observamos dos razones para prestar atención localmente. Primero, la movilidad y los viajes internacionales conectan a comunidades; segundo, los determinantes sociales que favorecen la tuberculosis —pobreza, hacinamiento, acceso precario a la salud— no son exclusivos de Estados Unidos.
Desde el sistema de salud, conviene reforzar la vigilancia sentinela en poblaciones vulnerables, garantizar continuidad de tratamientos y fortalecer la búsqueda de contactos y el tratamiento de la infección latente, tal como recomiendan los especialistas citados por los CDC y expertos locales. Mantener programas que permitan acceder a la atención primaria es la medida preventiva más efectiva para evitar que las cifras se traduzcan en más muertes. Adoptamos una postura prudente: informar hechos verificados y monitorear la evolución sin alarmismo innecesario.