El salto del petróleo a más de US$118 por barril y la exposición de la Argentina como productor —860.000 barriles diarios, con 300.000 destinados a exportación— hacen que la guerra en Medio Oriente tenga efectos mixtos: puede sumar divisas por un lado y encarecer combustibles y energía por otro (según La Nación, 9/3/2026). Esta nota explica sector por sector qué está en juego y qué se necesita para que cualquier beneficio sea duradero.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo?

La suba del crudo ya se traduce en aumento de surtidores: los combustibles acumulan cerca de 7% en lo que va del mes y las refinadoras estiman un atraso relativo de precios cercano al 25% contra el valor internacional del crudo (según La Nación, 9/3/2026). Para los hogares la vía más directa es la nafta y el gasoil: un incremento sostenido del barril suele trasladarse a tarifas de transporte, precios de alimentos y viajes. En electricidad el principal canal es el gas: el GNL pasó de US$12 a más de US$34 por millón de BTU, y en invierno Argentina suele importar alrededor de 25 cargamentos de GNL (según La Nación, 9/3/2026). Si esos saltos se trasladan a tarifas o a mayor subsidio estatal, el efecto en el bolsillo será palpable. Traducido: más gasto en movilidad y potencial ajuste en tarifas si el Estado deja de absorber el costo.

¿Qué riesgo para el agro y la industria?

El agro enfrenta dos canales claros: fertilizantes y fletes. La urea subió cerca de US$150 por tonelada tras la escalada y la paridad local ronda US$700 por tonelada contra US$600-620 previos (según La Nación, 9/3/2026). Argentina importó 1,4 millones de toneladas de urea en 2025, con entre 30% y 40% procedente del Golfo Pérsico, por lo que la cadena de costos está expuesta (según La Nación, 9/3/2026). Además, la cosecha consume aproximadamente 440 millones de litros de gasoil entre labores y transporte, y cerca de 97% de la producción se traslada por camión, lo que hace al combustible un insumo crítico en el margen (según La Nación, 9/3/2026). Para la industria manufacturera el efecto llega por mayor costo logístico y posibles demoras en autopartes; la siderurgia por ahora no muestra faltantes urgentes, pero una extensión del conflicto podría afectar stocks y fletes.

¿Qué pasa con las finanzas y el tipo de cambio?

En escenarios de tensión geopolítica los capitales buscan refugio, fortaleciendo al dólar y aumentando la volatilidad financiera. Desde el inicio del conflicto el riesgo país argentino volvió a acercarse a 600 puntos, encareciendo el financiamiento externo (según La Nación, 9/3/2026). En el frente de balanza, las exportaciones energéticas pueden ayudar: en 2025 las exportaciones energéticas fueron US$11.000 millones y las proyecciones para 2026 apuntaban a US$14.000 millones; consultoras calculan ingresos adicionales que van desde US$2.500 millones anuales hasta cerca de US$3.000 millones si el Brent se mantiene significativamente por encima de lo previsto (según La Nación, 9/3/2026; estimaciones de Empiria y FIEL citadas por La Nación). Pero esos ingresos por valuación son volátiles y no reemplazan reservas líquidas si el país necesita pagar importaciones críticas.

¿Qué se necesita para que el efecto positivo no sea frágil?

Lo central es coherente con nuestra postura previa: acumulación de reservas por flujo y un ancla macro creíble. Un ingreso extra por energía puede mejorar la cuenta corriente y ayudar a reservas, pero sin una política cambiaria y fiscal creíble ese saldo se evapora ante reversals de mercado. Por ejemplo, un ingreso adicional de US$2.500-3.000 millones anual ayuda, pero no cubre déficits estructurales ni reduce por sí solo un riesgo país de 600 puntos (según La Nación, 9/3/2026). Recomendaciones prácticas: a corto plazo las empresas deberían revisar coberturas de combustible y contratos de compra de fertilizantes; los hogares prepararse para ajuste gradual en tarifas; y el sector público priorizar la acumulación ordenada de reservas y señales fiscales para aprovechar cualquier viento favorable. En números: si las exportaciones energéticas rinden esos millones extra, conviene que se destinen primero a reservas y amortiguar la vulnerabilidad externa antes que a gastos transitorios.

Franco Pellegrini