El costo de construir ya no es una discusión abstracta: subir un metro cuadrado cuesta hoy mucho más que hace pocos años y la cuenta es especialmente dura en dólares. Según el Índice de Costo de la Construcción en el Gran Buenos Aires, relevado por el INDEC, el costo subió 2,3% en pesos en enero respecto al mes anterior y 0,2% en dólares. Por su parte, el informe de Zonaprop, en base al índice de la Cámara Argentina de la Construcción, muestra un aumento del 7,5% en moneda extranjera en febrero. En la práctica esto significa que muchos desarrolladores ven márgenes en rojo y que las expectativas de precio del comprador y el costo real de construir están desalineadas.

¿Qué dicen los números y por qué sube todo?

Vemos tres señales claras en las cifras. Primero, la inflación doméstica empuja los costos en pesos: según el INDEC los materiales crecieron 1,4% y la mano de obra 3,1% en enero dentro del Gran Buenos Aires. Segundo, la variable clave para la construcción es el dólar: Zonaprop y la CAC muestran un alza del 7,5% en dólares en febrero, y desde octubre de 2023 el costo acumulado fue del 118%. Tercero, hay un backcast que marca que construir cuesta hoy 3,2 veces lo que costaba en octubre de 2020 y un 37% por encima del promedio 2012-2025. Estos tres elementos —inflación, ajuste cambiario y cuellos de oferta en materiales— explican la presión sostenida sobre los precios. Además, portales como Mi Obra y relevamientos en Mercado Libre confirman variaciones significativas en precios de insumos por disponibilidad y demanda estacional.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La traducción al bolsillo y al balance de una empresa es directa. En CABA, Zonaprop reporta que el metro cuadrado vendible de usados estaba en US$2215 en febrero y el metro cuadrado en pozo promedió US$3119/m². Cuando el precio de oferta de pozo supera lo que el mercado está dispuesto a pagar por usados, los desarrolladores enfrentan dos opciones: vender a pérdida, esperar a que se ajuste la oferta de usados o posponer proyectos. Esto reduce la velocidad de salida de stock y puede frenar obra nueva. Para los compradores, significa que la expectativa de ahorro vía compra de pozo se complica; para los comerciantes y proveedores implica mayor incertidumbre en la cadena de pagos. En números: si un proyecto tenía margen proyectado del 10% y el costo en dólares sube 7,5% en un mes, esa renta puede evaporarse rápidamente.

¿Qué pueden hacer los hogares, los comerciantes y la política pública?

Para quien piensa construir o invertir recomendamos tres medidas prácticas. Primero, negociar cláusulas de ajuste claras: indexación por moneda y por materiales, o topes y bandas que eviten sorpresas en la caja. Segundo, exigir transparencia en todos los costos operativos y de escrituración; esto ayuda a comparar ofertas y reducir riesgo de sobrecostos. Tercero, desde la política pública, insistimos en la necesidad de un ancla macro creíble y acumulación de reservas por flujo, condiciones que reducen la volatilidad cambiaria y permiten que la construcción vuelva a ser predecible sin aumentar la fragilidad fiscal. Estas recomendaciones son coherentes con nuestra postura previa sobre inmuebles: transparencia y una macro estable son la condición para que la actividad privada no aumente la vulnerabilidad de hogares y comerciantes.

Para ponerlo en contexto: con el costo de construcción 3,2 veces el mínimo de 2020 y una brecha entre pozo y usados de casi US$900/m² en CABA, la decisión de comprar, construir o postergar no es solo financiera; es también de gestión del riesgo. Antes de dar el paso, conviene tener números concretos, cláusulas claras y, si es posible, asesoramiento que traduzca la macro en la caja del día a día.