Las exportaciones argentinas crecieron 9,3% interanual en 2025, por un monto adicional de US$7.408 millones, y la mayor parte del avance vino de sectores primarios y extractivos, no de manufacturas industriales (informe Adrián Gutiérrez Cabello, Centro de Economía Regional, UNSAM; reproducido por La Nacion, 16/3/2026). En números: el complejo bovino aumentó 22,9% y el complejo oleaginoso sumó US$25.046 millones en ventas externas. Ese patrón tiene implicaciones claras para el empleo, los ingresos fiscales y la volatilidad del tipo de cambio.

¿Qué pasó en las exportaciones y por qué?

Vemos dos tendencias centrales: primarización y energetización de la canasta exportadora. Según el informe de la UNSAM (La Nacion, 16/3/2026), los porotos de soja subieron 144% interanual y las harinas y pellets, cuyo valor agregado es superior, cayeron en facturación relativa. El oleaginoso sigue siendo el principal complejo con US$25.046 millones, mientras que el complejo soja totalizó US$21.442 millones con harinas y pellets en US$8.566 millones y aceite en US$7.220 millones. Por otra parte, los sectores minero y petrolero fueron impulsores adicionales del crecimiento. Este cambio sugiere que la demanda externa y la dinámica de precios favorecieron la materia prima y los recursos energéticos, no la industrializacion local.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en el comercio local?

Para el consumidor y el comerciante las señales son mixtas. Por un lado, el fortalecimiento del complejo agroexportador puede traducirse en mayor entrada de divisas por cosechas y ventas externas: porotos y girasol crecieron fuertemente (poroto US$4.916 millones; girasol +49%, según el mismo informe). Esto puede aliviar presiones cambiarias temporales si parte del ingreso se acumula en reservas. Por otro lado, la pérdida de participación de las Manufacturas de Origen Industrial significa menos encadenamientos productivos en el país, lo que a mediano plazo presiona el empleo industrial y los salarios. Si la tropa exportadora no se traduce en inversión en capacidades industriales, lo que vemos hoy como un alivio en dólares puede convertirse en mayor vulnerabilidad laboral.

¿Qué significa para la macro y qué medidas recomendamos?

Traducido: una receta incompleta puede generar más problemas que soluciones. Un boom exportador liderado por primarios y recursos energéticos ofrece una ventana para fortalecer reservas y reducir la fragilidad externa. En 2025 las exportaciones bovinas pasaron de US$3.379 millones en 2024 a US$4.340 millones, un salto que muestra capacidad de generación de divisas (informe UNSAM/La Nacion, 16/3/2026). Nuestra posición es consistente: apoyar la acumulación de reservas por flujo y un ancla macro creíble para convertir estas subas temporales en mayor resiliencia externa. Sin ese ancla, medidas domésticas como topes de tasas o controles al crédito pueden provocar distorsiones. Recomendamos que una parte significativa del ingreso extraordinario se use para reservas y para financiar inversiones que aumenten el valor agregado local, además de coordinar políticas fiscales y provinciales para que la mejora externa se traduzca en servicios y empleo.

En resumen, 2025 trajo más dólares pero también más primarización. La oportunidad está en no desperdiciar ese viento de cola: acumular reservas por flujo, anclar expectativas macro y promover inversión en valor agregado para que el crecimiento externo beneficie a su vez al mercado interno y a la estabilidad financiera.