Se trata del cierre de la trilogía de Esther Pineda que sostiene que el femicidio es una masacre global y que no puede seguirse mirando como “un problema predominantemente latinoamericano”; la autora apela además a datos y voluntad política para romper ese silencio. La tesis central se enuncia con cifras y reclamos: según la Organización Mundial de la Salud, en 2017 fueron asesinadas 87.000 mujeres y 58% de esos homicidios fue cometido por la pareja o un familiar. El volumen reseñado tiene 98 páginas y un precio de $25.500, según La Nación, y llega después del debate público que Pineda protagonizó en 2025 con el historiador Ivan Jablonka.

¿Por qué nos importa esto en Argentina?

En Argentina la discusión sobre femicidio no es abstracta: la memoria de casos locales, las leyes y las estadísticas públicas hacen del tema una cuestión cotidiana de política y justicia. Lo que nadie cuenta es que considerar el femicidio como exclusivo de una región permite que gobiernos y fiscalías evadan comparaciones y transparencia en datos; exigimos que los registros sean abiertos y comparables, como pedimos para otros crímenes de lesa humanidad. La reivindicación de Pineda empuja a preguntar por la calidad de nuestras cifras y por la integración de datos regionales con bases internacionales, algo que mejora la rendición de cuentas. Además, el libro llega cuando muchos reclamos de mujeres en las calles siguen sin traducirse en políticas sostenibles, y eso convierte cada cifra en una urgencia práctica y política.

¿Qué aportan los datos y qué se discute?

Pineda insiste en mover el foco de la narrativa: no solo hablar de México o Ciudad Juárez desde los años 90, sino interrogar las cifras de Estados Unidos, Canadá y Europa que suelen invisibilizarse. La autora acusa además las omisiones epistemológicas que hacen ver el problema como “exótico” o ajeno al Norte global. Aquí el punto técnico importa: la OMS nos da dos anclas, 87.000 asesinatos de mujeres en 2017 y la proporción de 58% cometida por parejas o familiares, y esos números obligan a replantear comparaciones nacionales y políticas públicas (según la OMS). Sin voluntad política, recalca Pineda, la erradicación es improbable; esa afirmación tiene implicancias practicas porque pide no solo relatos sino estadísticas públicas, investigación independiente y cooperación transnacional.

¿Qué controversias trae la autora y cómo leerlas?

En 2025 Pineda protagonizó un debate con Ivan Jablonka que evidenció choques metodológicos y de apropiación intelectual; la polémica permitió visibilizar que la disputa no es solo académica sino sobre quién produce y controla los relatos. El detalle que lo cambia todo: quién define femicidio y qué datos se recogen para medirlo. La autora reivindica el término como “expresión extrema de violencia resultante de la posición de subordinación”, lo que obliga a combinar estadísticas criminales con estudios sociales y con registros de violencia de género. Pedir transparencia no es retórica: significa bases abiertas, protocolos uniformes y supervisión civil, condiciones sin las cuales las cifras quedan a merced de interpretaciones políticas.

¿Dónde queda la política, la memoria y la acción práctica?

La lectura de Pineda funciona como un recordatorio: no hay memoria sólida sin datos y no hay justicia sin políticas sostenibles. En Argentina eso implica demandar que las instituciones abran sus registros, que se auditen las investigaciones y que se articulen protocolos entre fiscalías y organizaciones de derechos humanos. Exigimos transparencia y datos abiertos para que la comparación internacional deje de ser una anécdota y pase a ser herramienta de rendición de cuentas, coherente con nuestra postura editorial previa en defensa de la memoria pública. El libro no es una solución en sí; es una provocación para que la información deje de ser zona de confort institucional y pase a ser materia pública y verificable.

Lo que queda después de la lectura es una consigna práctica: traducir investigación y memoria en políticas auditables. Sin eso, los números permanecen como estadísticas y las vidas, como cifras muertas.