El 29 de abril de 2026, en la 50° edición de la Feria del Libro, se celebraron mesas y presentaciones que cruzaron memoria histórica, experimentación narrativa y cultura popular, entre ellas la presentación de Esto también es Tarot por Elisa Carricajo a las 16:00 y dos mesas dedicadas a los 50 años del golpe de 1976 (según LA NACION, 29/4/2026). Este párrafo resume lo esencial: horarios concretos y ejes temáticos que marcan la simultaneidad entre entretenimiento y compromiso con la memoria.
¿Qué ofreció la programación del 29 de abril?
A las 16:00 la actriz y escritora Elisa Carricajo presentó Esto también es Tarot en la Sala Zona Futuro del Pabellón Amarillo, una propuesta que promete leer los arcanos como lenguaje contemporáneo (LA NACION, 29/4/2026). A las 17:30 y a las 19:00 se realizaron dos mesas bajo el título 50 años de Lecturas y Escrituras en Argentina en la Sala Alfonsina Storni, Pabellón Blanco (LA NACION, 29/4/2026). La agenda combina formatos: presentaciones íntimas, diálogos de mesa y conversaciones con autores foráneos como Leonardo Padura, lo que transforma la feria en un mapa de intensidades donde lo popular y lo académico se rozan.
Memoria y censura: qué se discutió y con quiénes
La Mesa I reunió a cinco participantes —María Negroni, Clara Obligado, Sylvia Iparraguirre, Vicente Battista y María Rosa Lojo— para revisar la circulación de libros prohibidos en contextos de censura (LA NACION, 29/4/2026). La Mesa II abordó estrategias narrativas frente al miedo y la violencia con cuatro panelistas —Luisa Valenzuela, Liliana Heker, Juan Sasturain y Santiago Kovadloff— coordinada por Ángel Berlanga (LA NACION, 29/4/2026). Estas mesas encajan en un año simbólico: 2026 marca 50 años desde el golpe del 24 de marzo de 1976, una cifra que obliga a comparar actos de memoria contemporáneos con los recordatorios del año anterior, cuando se cumplieron 49 años (CONADEP). Lo que nadie cuenta es que la discusión sobre censura abre la urgencia práctica de preservar y abrir archivos.
¿Por qué importa que la feria hable de censura ahora?
La Feria no es solo un mercado de novedades: es un espacio público donde se prueban narrativas colectivas. Cuando se debate cómo circularon los libros prohibidos se está hablando de redes de lectura informales, de edición clandestina y de mecanismos de transmisión cultural que sobrevivieron a la represión. Esa experiencia no es anecdótica: revela qué comunidades lectoras se formaron en ausencia de canales oficiales y por qué el acceso a archivos y a ediciones antiguas sigue siendo una cuestión de democracia cultural. Si no lo conocés, acá va: la discusión no es nostalgia, es diagnóstico sobre cómo se reproduce la memoria.
Del Tarot a Padura: la mezcla que define a la feria contemporánea
El cruce entre la presentación de Carricajo y la charla de Leonardo Padura —junto a Frank Báez y Claudia Neira Bermúdez sobre ‘Narrar el Caribe’ en la Sala Carlos Gorostiza— muestra que la feria apuesta por tramas múltiples (LA NACION, 29/4/2026). Esa simultaneidad dice algo de nuestra época: la cultura alta ya no se separa de lo popular; se negocia con él. Padura trae memoria de ciudad y ritmo; Carricajo trae experiencia personal y simbología; ambos formatos permiten leer la feria como un laboratorio donde las estrategias narrativas frente a la violencia conversan con prácticas de escritura íntima y performática.
Qué esperar y qué exigir: transparencia y acceso
La Feria del Libro ofrece momentos valiosos, pero también obliga a preguntas prácticas: quién custodia los archivos, qué accesibilidad tienen las ediciones históricas y cuáles son las políticas de preservación. Hemos sostenido desde antes que la preservación y el acceso a archivos culturales requieren transparencia y datos abiertos; la discusión sobre libros prohibidos refuerza esa demanda. No encontramos en la agenda datos públicos sobre índices de digitalización o políticas de acceso, así que exigimos que la conversación en las mesas se traduzca en compromisos verificables: catálogos abiertos, inventarios accesibles y protocolos de conservación claros. La memoria se discute en público, pero se asegura con políticas públicas y datos.
Camila Goldberg