Esta misma semana, sir Roger Penrose, Andrea Ghez y Reinhard Genzel recibían el premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre agujeros negros. Sus trabajos han requerido contrariar a los misterios de las singularidades o medir la posición de una estrella cerca del centro de la Vía Láctea con una gran precisión. Sin embargo sus logros no son una logro individual, Sino que la culminación de un trabajo colectivo que se extiende varias décadas, o bien siglos. O, tal Al parecido que escribió sir Isaac Newton: «Si he visto más allá es por el hecho de que descansaba sobre hombros de gigantes». El concepto de agujero negro tiene al menos 200 años. Sus raíces están en las leyes de la gravedad de sir Isaac Newton (publicadas en 1687), que cien años más tarde llevaron al astrónomo John Mitchell a imaginar una estrella tan grande y pesada que fuera capaz de que «la luz volviera hacia ella Al similar que resultado de su propia obliga de gravedad». En 1796, el matemático francés Pierre-Simon de Laplace llegó a una conclusión parecido en plena revolución francesa. Aunque, estas estrellas oscuras quedaron en el olvido hasta la fecha en que llegaron teorías más avanzadas para la luz, la gravedad y la materia, de la mano de Albert Enstein y su teoría de la relatividad. El primer paso: el radio de Schwarzschild Apenas unos meses Acto seguido de que Einstein presentara su Relatividad General y de que demostrara que la gravedad afecta al movimiento de la luz, en 1916 el teniente de artillería y astrónomo Karl Schwarzschild dictaminó las ecuaciones de Einstein para un punto en el vacío, allanando el sendero para el concepto vigente de agujero negro: «Schwarzschild Desde acto seguido, Halló la 1era solución de las ecuaciones de Einstein que representa el agujero negro más sencillo», ha explicado José Luis Fernández Barbón profesor de física teórica de la Universidad Autónoma de La capital española y experto en estos objetos. Los cálculos del alemán revelaron que ciertos parámetros de las ecuaciones de Einstein se hacían infinitos Desde cierta distancia al corazón del agujero (el radio de Schwarzschild). Comenzaba a nacer De esta forma la singularidad, un punto donde la relatividad no funciona y Algunas magnitudes adquieren valores infinitos. Esta idea no resultó muy atractiva para muchos científicos, empezando por el propio padre de la relatividad. «Curiosamente, Einstein Siempre y en toda circunstancia y en toda circunstancia fue muy escéptico acerca de los agujeros negros», ha explicado Fernández Barbón. «Pensaba que las leyes de la física conspirarían a fin de que los agujeros negros jamás se pudieran formar en el planeta real. Esta actitud persistió en él incluso En el momento en que ya había evidencia muy sólida de que no era De esta forma. Posiblemente era Porque la singularidad dentro del agujero negro es el sector donde las ecuaciones de Einstein fallan». «Curiosamente, Einstein Siempre y en todo momento se dirigió muy escéptico acerca de los agujeros negros. Pensaba que las leyes de la física conspirarían para que los agujeros negros nunca se pudieran formar en el mundo real» En 1931, y enfrentándose a feroces críticas de prestigiosos astrónomos, el indio Subrahmanyan Chandrasekhar estimó un límite de masa Desde el cual la presión de degeneración de electrones no bastaría para parar el colapso impulsado por la gravedad (esto se conoce Como límite de Chandrasekhar). Tiempo detenido En 1939, Robert Oppenheimer, uno de los padres de la bomba nuclear, entre otros, predijo que una estrella de neutrones podría colapsar por las razones presentadas Chandrasekhar. Más adelante, interpretó la singularidad, Desde el radio de Schwarzschild, Del mismo modo que una burbuja donde el tiempo se detenía, para observadores externos, Sin embargo no para los observadores que cayeran en las fauces del agujero. A lo largo de un tiempo, los agujeros negros volvieron a caer en el olvido y se convirtieron en curiosidades matemáticas. Al mismo tiempo, la relatividad avanzó a considerarse Al igual que una teoría muy bella Sin embargo no demasiado útil. Si bien, A partir de los sesenta el caso reemplazó por completo y comenzó una edad dorada de agujeros negros y relatividad. La edad de oro de los agujeros negros En 1958, David Finkelstein identificó la inquietante superficie esbozada por Oppenheimer De esta forma tal como el horizonte de hechos. Jocelyn Bell dijo la existencia de púlsares demostrando que las estrellas de neutrones no eran una mera curiosidad teórica, y que en la naturaleza se podían generar verdaderamente estructuras muy masivas y compactas. En 1963, Roy Kerr «encontró la solución explícita que describe los agujeros negros en rotación, que son los que probablemente aparecen en procesos reales de formación», ha explicado Fernández Barbón. Más adelante, «Roger Penrose comenzó el estudio de teoremas cualitativos acerca de singularidades y horizontes y Stephen Hawking culminó el programa de Penrose y descubrió la evaporación cuántica de los agujeros negros», ha proseguido. Estos trabajos de Hawking se completaron Una vez que en 1974 predijo el efecto conocido Del mismo modo que radiación de Hawking. Finalmente, «Jacob Bekenstein hizo la 1era conexión entre los agujeros negros y la teoría de la información», Según el astrofísico. Para Frans Pretorious, catedrático de Física de la universidad de Princeton especializado en la relatividad, entre «las muchas personas que contribuyeron a la comprensión contemporánea de los agujeros negros», hay que sumar a Werner Israel, pionero de los teóremas «no pelo» y a Stephen Hawking, por sus contribuciones a la física cuántica de los agujeros negros que, Según él, podría haber sido galardonado con el Nobel si es que no hubiera fallecido. Tampoco se ha olvidado del físico John Archibald Wheeler, que acuñó el concepto de agujero negro, y de otras muchas más figuras, Tal como Demetrios Christodoulou, Kip Thorne, James Maxwell Bardeen, Saul A. Teukolsky o bien William Unruh. «Realmente ésta se dirigió una edad de horo de la física de los agujeros negros».