La mora bancaria volvió a crecer y ya llegó al 7% en marzo, su mayor nivel en 21 años según el Informe de Bancos del Banco Central (BCRA). Esto no es solo un número técnico: significa que una porción relevante de créditos no se está pagando y que tanto hogares como empresas sienten presión sobre sus ingresos y cajas.
¿Qué significa esto para tu bolsillo?
La variable que más golpea a los hogares es la mora en créditos personales. Según el BCRA, la irregularidad de las financiaciones a los hogares subió al 11,5% en marzo y los préstamos personales pasaron del 13,7% al 14,2% (incremento interanual de 8,3 puntos), lo que muestra un deterioro sostenido en ese segmento. Para una familia que depende de ingresos de salarios o monotributo, esto suele traducirse en menos margen para gastos esenciales y mayor presión para refinanciar deudas. Además, se reportó un aumento en cheques rechazados: 2,22% en cantidades y 1,60% en montos, también según el BCRA. Traducido: más pagos que no se procesan y mayor fricción en el flujo diario de dinero.
¿Por qué sube la mora?
Las causas son conocidas y se combinan. El informe del BCRA muestra subas en la mora empresarial y en la de hogares; el crédito a empresas llegó al 3,1% y sectores como la construcción y el comercio muestran 5,9% y 4,6% respectivamente. Al mismo tiempo, las tasas activas sobre préstamos personales siguen muy altas: la tasa nominal anual promedio de préstamos personales promedia 64,8% en marzo, según el informe citado por La Nacion. Aunque algunas tasas de corto plazo cayeron —por ejemplo, la tasa de adelantos en cuenta corriente pasó a rondar 25% desde 52% en febrero—, las tasas que afectan al bolsillo de las familias apenas se corrigieron. En un contexto de salarios que no muestran mejoras suficientes, la combinación tasa alta más ingresos estancados explica gran parte del aumento de la mora.
¿Qué pueden hacer bancos, regulador y hogares?
Desde el BCRA se niega la idea de imponer por normativa planes generales de refinanciación; el presidente del organismo sostuvo que el pico de mora estaría cerca y que muchos bancos ya vieron ese pico. Los bancos, por su parte, informan que están muy activos ofreciendo refinanciaciones tempranas para evitar saltos mayores. Nuestra posición es clara: apoyamos la expansión responsable y transparente del crédito, pero exige medidas concretas de protección a pymes, trabajadores y jubilados. En la práctica eso implica mejores herramientas de reestructuración focalizada, transparencia sobre tasas efectivas y más datos en tiempo real para monitorear el riesgo. Evitar soluciones uniformes y obligatorias es razonable, pero tampoco alcanza con dejar todo en manos del mercado si no hay redes de protección para los más vulnerables.
Perspectiva: ¿estamos ante el pico o vendrá una nueva ola?
Hay señales contradictorias. Algunos ejecutivos bancarios dicen que la mora se amesetó y que abril mostró reversión en familias; otros son más cautos, citando el efecto del enfriamiento de la actividad y la baja estacionalidad de ingresos en invierno. El economista Federico Filippini ve mejoras en tarjetas y prendarios, pero señala que los personales siguen siendo el principal foco de deterioro y que la mora empresarial también acelera, por lo que espera una posible inflexión entre junio y julio. En el corto plazo, la trayectoria dependerá de tres variables observables: la evolución del empleo y los salarios, la dinámica de las tasas activas sobre préstamos familiares y el ritmo de originación de nuevo crédito. Si los bancos mantienen una originación más prudente y siguen las refinanciaciones tempranas, la mora puede estabilizarse; si las tasas no bajan en términos reales y los ingresos no mejoran, el riesgo de rebrotes sigue presente. Para los decisores, la receta pasa por transparencia de datos, expansión responsable del crédito y medidas focalizadas que protejan a pymes, trabajadores y jubilados, sin recurrir a atajos regulatorios de efecto generalizado.