Se trata de renovaciones de DACA cuya demora convirtió permisos de trabajo estables en bolsillos de incertidumbre: César, un mexicano que llegó a Estados Unidos a los cuatro años, esperó cinco meses por una renovación y perdió su trabajo en recursos humanos mientras su permiso expiraba (según Telemundo, reproducido por La Nación).
¿Quién es César y cuántos están en riesgo?
La historia de César es pequeña y a la vez representativa. Llegó de niño desde Zacatecas, estudió Administración en Cal Poly Pomona y trabajaba en recursos humanos hasta que su autorización de empleo venció mientras esperaba la renovación; la demora, según su relato a Telemundo, fue de cinco meses y terminó con su despido. Con esa sacudida, aprendió de su madre a cocinar y hoy vende burritos en North Hollywood; su cuenta de TikTok lo volvió viral y la comunidad local lo apoya. (Fuente: Telemundo/La Nación).
El caso personal se inserta en una realidad mayor: California concentra 141.000 beneficiarios de DACA (según datos del USCIS citados por la cobertura). Además, a fines de abril de 2026 el USCIS reportó un tiempo promedio de procesamiento de renovación de 122 días (según USCIS). Esa combinación —alta concentración regional y procesos más lentos— explica por qué cientos o miles pueden quedar momentáneamente fuera del mercado laboral formal.
¿Por qué se demoró el USCIS y qué muestran los datos?
La explicación oficial que repite la agencia es una: revisiones de seguridad más exhaustivas, que han alargado los plazos de procesamiento (según comunicados del USCIS). En la práctica, abogados de inmigración describen una experiencia opuesta a lo rutinario: José Osorio indicó a Fox News que algunas demoras “se extienden hasta por un año”, y muchos beneficiarios reportan tiempos muy superiores al promedio informado. La nota también menciona aumentos de tarifas ocurridos el año anterior, que los solicitantes perciben como una carga adicional ante un servicio más lento (según cobertura en Fox News/La Nación).
Los datos públicos disponibles son parciales: el número de 122 días es relevante, pero el USCIS no ha publicado en la misma comunicación un comparativo histórico desagregado por tipo de revisión, por estado o por antigüedad del expediente. Sin esos desglose no podemos saber si el atraso obedece a un pico temporal, a cambios de criterio o a una reasignación de recursos. Por eso, lo que exigimos es simple y técnico: datos abiertos que permitan analizar causas y diseños de solución.
¿Qué implica esto en el empleo y qué se puede exigir?
El efecto inmediato es laboral: profesionales formados pierden puestos —como la hermana de César, que según la nota perdió su empleo en un bufete de abogados— y la economía local abandona talento que pasa a empleos informales o precarizados. Cuando el permiso se interrumpe, la relación laboral se rompe con costos para el trabajador y para la empresa que pierde personal capacitado. Esto no es un problema puramente individual; es una fricción regulatoria con costos medibles en pérdida de ingresos y estabilidad familiar (fuentes: Telemundo/La Nación; testimonios en Fox News).
La demanda central es coherente con nuestras posiciones recientes: el USCIS debe publicar métricas desagregadas —por ejemplo, tiempos medios por tipo de revisión, proporción de renovaciones sujetas a controles adicionales, evolución mensual de la cola de trámite y el número de renovaciones rechazadas por motivos específicos— y abrir esos datos. Con información pública, gobiernos locales, empleadores y organizaciones comunitarias podrían diseñar apoyos concretos, como puentes laborales o mecanismos temporales de protección para quienes quedan en el limbo.
En resumen, la historia de César ilumina una falla administrativa que golpea a miles. No se trata solo de simpatía por un vendedor de burritos viral; se trata de transparencia y diseño de políticas. Exigimos que el USCIS haga públicos los indicadores que permitan medir el alcance del problema, explicar los motivos de las demoras y activar medidas que eviten que una renovación pendiente signifique perder empleo, vivienda o futuro. Camila Goldberg