Un Plantel internacional de astrónomos dirigido por científicos del Observatorio Astrofísico de Potsdam (AOP) ha hallado un extraño asteroide detrás de Marte cuya composición es muy afín a la Luna. Los investigadores sospechan que puede tratarse de un «gemelo perdido» de nuestro satélite natural que continua al planeta rojo en su órbita. Sin embargo, ¿cómo ha llegado ese raro asteroide ahí? Los resultados acaban de ser publicados en la gaceta «Icarus». En las órbitas de los planetas, 60 grados por delante y por detrás de éstos con respecto al Sol, hay una suerte de «refugios seguros» donde algunos asteroides quedan atrapados por el equilibrio de la gravedad entre la estrella y el planeta, convirtiéndose en algo De esta forma Del mismo modo que «rebaños» de rocas espaciales que siguen al «pastor planetario». Estás «ovejas» son los llamados asteroides troyanos, unos cuerpos de enorme interés para los científicos, Porque se formaron en los orígenes del Sistema Solar, en esa tumultuosa temporada en la que los choques y las colisiones eran algo cotidiano. La mayor parte de estos cuerpos se halla en la órbita de Júpiter, quien con su enorme gravedad ha conseguido coleccionar miles de ellos. Si bien, es raro localizar a estos troyanos en planetas más cercanos al Sol y, En verdad, Sólo se han hallado un puñado cerca de Marte y un par más en Venus y la Tierra. Desde los años noventa se han descubierto casi una decena de estos troyanos en la órbita marciana. Conocidos Del mismo modo que la familia Eureka, la teoría dominante explica que probablemente sean trozos arrancados A lo largo de la formación de Marte, Porque su composición es muy parecida a la de este planeta. No obstante (101429) 1998 VF31 -nombre con el que se ha bautizado a este asteroide recién descubierto- es todavía más singular: a su vez de estar más alejado que los Eureka, tiene una composición muy igual a la de la Luna, lo que tiene desconcertados a los astrónomos. Esquema en el que se pueden ver las regiones en las que Marte «captura» a sus troyanos, 60 grados por delante y por detrás con respecto al Sol (regiones L4 y L5). En rojo y amarillo, las regiones donde se asientan los troyanos de la familia Eureka. En azul, la zona donde órbita 101429, el flamante y extraño troyano descubierto - AOP
Comparando espectros celestes
Para conocer la composición de 101429, los astrónomos utilizaron X-SHOOTER, un espectrógrafo del Observatorio Europeo Austral de 8 m del Very Large Telescope (VLT) en Chile, con el que podían ver cómo parte superficial del asteroide refleja la luz solar de diversos colores -su espectro de reflectancia-, y comparar este «brillo» con el de otros cuerpos para determinar de qué está hecho. Así es De este modo tal como llegaron a la conclusión de que era afín a una clase común de meteoritos llamados condritas ordinarias. Sin embargo la novedad alcanzó Cuando, al combinar estos datos con otras mediciones del Telescopio Infrarrojo de la NASA en Hawai, el elenco reveló que no se correspondía bien con ningún tipo especial de meteorito o asteroide. Por ello, incluyeron otro tipo de cuerpos celestes. Y el resultado viajó que era increíblemente parecido a nuestra Luna. «Muchos de los espectros de los asteroides no son muy diversos de la Luna; Si es que bien, Cuando miras de cerca, hay diferencias importantes: por servirnos de un ejemplo, la forma y la profundidad de las absorciones espectrales amplias en longitudes de onda de 1 y 2 micrones. Pero el espectro de este asteroide particularmente guarda un enorme afín con las partes de la Luna donde hay regiones de roca expuesta, Asimismo que el interior de los cráteres y las montañas», explica en un Solo comunicado Galin Borisov, astroquímico de AOP y uno de los creadores del estudio. Espectros superpuestos de las superficies del asteroide 101429 (en negro) y de la Luna (en rojo) - AOP
Las posibles teorías al raro asteroide
Si es cierto que se parece tanto a la Luna, ¿podría ser una comunicado arrancada de ella? «El sistema solar primitivo era muy distinto del lugar que vemos Hoy. El espacio entre los planetas recién formados estaba lleno de restos, y las colisiones eran comunes. Los grandes asteroides de esa temporada, que llamamos planetesimales, golpeaban constantemente a la Luna y a otros planetas, por lo cual es posible que un fragmento de esos choques alcanzara la órbita de Marte en la fecha el planeta Aún se estaba formando, quedando atrapado en las regiones de los troyanos», explica Apostolos Christou, astrónomo de AOP y intérprete y escritor principal del artículo. Si bien, el club También baraja otras teorías. Una posibilidad es que 101429 sea Sólo otro asteroide, semejante tal vez a los meteoritos de condrita ordinarios, No obstante que adquirió su apariencia lunar por medio de eones de exposición a la radiación solar, un proceso llamado meteorización espacial. Expresado de otro modo, que con el tiempo, este cuerpo se fuese pareciendo a nuestra Luna en seguida de estar sometido a la intensa acción del Sol. Hay una tercera idea, quizá la más plausible -según los astrónomos de AOP-: que el asteroide sea, Así tal como el resto de la familia Eureka, un fragmento del propio Marte. «La forma del espectro 101429 nos afirma que es rico en piroxeno, un mineral que se halla en la capa exterior o corteza de cuerpos del tamaño de un planeta. Marte, Del mismo modo que la Luna y la Tierra, viajó golpeado al principio de su historia con impactos tan grandes Al idéntico que el que provocó la gigantesca cuenca Borealis, un cráter tan ancho Del mismo modo que el propio mundo. Un golpe tan colosal podría haber enviado De forma fácil a 101429 hacia el punto Lagrangiano L5 del planeta», explica Christou refiriéndose a la zona posterior de la órbita marciana en la que estos «asteroides oveja» quedan atrapados por el equilibrio entre la gravedad de Marte y del Sol. O sea, que fuese un Eureka más, Sin embargo arrastrado mucho más lejos que el resto de la familia. Nuevas investigaciones revelarán la verdad de estos inusuales «seguidores» en extraño equilibrio de los planetas. El asteroide 2010 TK7 - P. Wiegert, U. of Western Ontario
¿Hay troyanos siguiendo a la Tierra?
El 1er asteroide troyano de Júpiter, bautizado precisamente Tal y como Aquiles, se dirigió descubierto en 1906 por el astrónomo alemán Max Wolf. A lo largo de mucho tiempo se creyó que esta clase de cuerpos eran exclusivos del gigante gaseoso, En tanto que su gran gravedad produce que las regiones en las que estos objetos quedan en equilibrio sean mucho mayores y probables que en los planetas más pequeños y De la misma forma interiores. Sin embargo, Hoy se sabe que existen troyanos en Marte, Neptuno o Venus. En cuanto a la Tierra, hace una década, el telescopio espacial WISE de la NASA se descubrió al troyano 2010 TK7, que mide alrededor de 300 mts de diámetro y nos acompaña en nuestra órbita (Si es que bien existen astrónomos que apuntan a que en realidad Versa de un visitante temporal proveniente del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter y no una reliquia planetesimal de la formación de la Tierra). En verdad, detectar troyanos terrestres es un desafío para los astrónomos, dado que se asientan en lugares para los cuales es bastante difícil apuntar con un telescopio, Debido a su posición con el Sol. Si es que bien, estudios Del mismo modo que el que revela la naturaleza de 101429 pueden ayudar a su descubrimiento. «Nuestro trabajo precedente demostró que la radiación solar hace que los restos, con trozos que van A partir de las dimensiones de una roca hasta una ciudad entera, se filtren lentamente de las nubes troyanas de Marte. Si los troyanos terrestres son Del mismo modo que los de Marte, el mismo mecanismo actuaría Al afín que una fuente de pequeños asteroides cercanos a la Tierra que se destacarán por su composición poco común», afirman Desde AOP. Localizar estos objetos podría convertirse en uno de los objetivos para el Observatorio Vera C. Rubin, que ya está listo para empezar el estudio más ambicioso del Sistema Solar hasta la fecha. Se espera que Rubin descubra más o bien menos diez veces más asteroides de los cuales se conocen actualmente y, combinado con el satélite GAIA, puede ofrecernos en el corto plazo mejores perspectivas para rastrear los escombros de la Tierra, incluidos nuestros posibles compañeros troyanos.
Marte podría estar arrastrando a un «gemelo perdido» de la Luna
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