Argentina produce 1,2 millones de metros cúbicos de bioetanol al año y tiene una capacidad instalada de aproximadamente 1,5 millones, dejando cerca de un 25% de capacidad ociosa; el mandato de mezcla vigente es del 12% desde hace más de una década, según La Nación. Traducido: hay capacidad industrial para aumentar el corte ahora mismo y reducir importaciones de nafta sin inversiones urgentes.

¿Qué propone la nota y qué dicen los números?

La propuesta central es sencilla: subir el corte de etanol en la nafta —por ejemplo a E15— para reducir la exposición a precios internacionales del petróleo. Los números que cita La Nación muestran que Brasil utiliza cerca del 50% de etanol en su parque automotor y Paraguay mezclas cercanas al 30%, mientras que Argentina se quedó en 12% durante más de diez años. La producción doméstica actual es 1,2 millones m3 frente a 1,5 millones m3 de capacidad, lo que implica un margen inmediato de expansión sin nuevas plantas. Además, la nota consigna que el bioetanol permitió ahorrar US$619 millones en importaciones en 2025; esos datos obligan a preguntarse por qué no se acelera el aprovechamiento del recurso.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

En términos macro, incorporar más bioetanol reduce la demanda de divisas para importar nafta y mejora la balanza comercial, una ventaja no menor en una economía con restricciones externas. La Nación reporta que, a pesar del ahorro de US$619 millones en 2025, Argentina igualmente importó US$400 millones por limitaciones de refinación; elevar el corte a E15 evitaría casi US$200 millones adicionales. Para el bolsillo, menos importaciones y menor transmisión del precio del petróleo al transporte pueden moderar la inflación de costos, que incide en los precios de la canasta. Para las provincias agrícolas y las plantas industriales, mayor demanda significa más empleo y actividad regional. Traducido al lente del comerciante: menos volatilidad en combustibles ayuda a estabilizar costos logísticos y márgenes.

¿Qué falta y qué riesgos debemos considerar?

Aumentar el corte no es sólo una decisión técnica: exige reglas claras de calidad, controles de compatibilidad con motores, logística de distribución y señales de precio previsibles para productores y plantas. También hay límites: una expansión sin coordinación puede presionar precios de maíz o caña y generar tensiones sectoriales si la política no prevé mecanismos de mercado. Además, el beneficio externo en dólares debe usarse con criterio; aquí entra nuestra postura editorial: estas divisas deben contribuir a la acumulación de reservas por flujo y acompañarse con un ancla macro creíble para evitar que la mejora comercial derive en distorsiones fiscales o financieras. Finalmente, cualquier incremento temporal debe combinar incentivos transparentes y no subsidios permanentes que quiebren la sostenibilidad.

Para cerrar, la evidencia técnica y numérica disponible muestra una oportunidad concreta: con capacidad ociosa y ahorros ya registrados, un aumento responsable del corte a E15 es una palanca de resiliencia externa y desarrollo regional. Vemos a favor de avanzar, pero condicionado a reglas claras, controles de calidad y a que los dólares liberados se destinen a robustecer reservas y sostener un ancla macro creíble que proteja al consumidor y a las pymes.

Franco Pellegrini